30 de abril de 2012

29 de abril de 2012



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Ernesto Sábato
Carlos Fuentes


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"Pueblo mío, verdad que en primavera
suena mi nombre en tus oídos
y tú me reconoces
como si fuera un río 
que pasa por tu puerta?"  (Pablo Neruda) 

(Más fotografías en la Página Pablo Neruda) 



COLECCIONISMO: LA HISTORIA Y LAS HISTORIAS (Por Sara Facio)



La convocatoria de Silvia Mangialardi a participar en esta sección fue una tentación.
 Me dijo: No hay tema. Escribí lo que quieras decir sobre fotografía.
Tentación y provocación. Acepté.

Como introducción quiero hacer una aclaración sobre mi estilo.
Cada vez que leo textos extranjeros sobre fotografía me asombra la oscuridad con que se expresan curadores o especialistas. Se pretende escribir ensayos, cuando la acepción primaria del término es pensar con sentido didáctico. Debemos lamentar que últimamente nuestros compatriotas se han contagiado la oscuridad del lenguaje.

Es mi caso, soy hija de la escritura periodística. Escribo para informar a la gente interesada en nuestro mundo de imágenes. Quisiera que comprendan la maravilla de la fotografía, los escenarios que nos descubre, cuánto conocemos y aprendemos a través de ella. Me quiero comunicar con el lenguaje escrito con ilustrados y con legos. Escribo para compartir mis ideas. Ideas personales, nacidas de lecturas, observación y experiencia, con las que se puede estar de acuerdo o disentir. Lo que me importa es que se entienda, que haga pensar, que incite a la sana polémica.

Me propongo ser concisa. Hacer frases cortas, claras. Lo hago a sabiendas, también, por el terror que me producen los editores y diseñadores. Por aquello de que nunca hay espacio y cortan (mutilan) textos y fotos por donde les es útil.

No soy de metamorfosear palabras hasta hacerlas ajenas a su etimología, ni de inventar formas de verbos, ni terminar adjetivos de manera caprichosa.
Las palabras sacrificial, relacionales, situacional, apropicionista, extratecnificada inmaterialidad del concepto, calidad veritativa, complementariedad representacional, desmagnificación, idiosincrásicos, están fuera de mi vocabulario. No las van a encontrar en mis escritos.
¿Cómo se puede escribir así en el país de Borges?

Allá vamos
Con motivo del Bicentenario del nacimiento de nuestra Patria, presenté durante todo el año en el Museo Nacional de Bellas Artes una curación que titulé Imágenes Paralelas.
La estructuré en tres partes y sólo se exhibieron obras pertenecientes el Patrimonio del museo.

Las tres entregas fueron muy bien recibidas por el público y –extrañamente– por la crítica cultural. Especialmente Mercedes Pérez Bergliaffa, de la revista Ñ comprendió perfectamente el sentido de la primera parte (nacimiento de la fotografía) al expresar: …en la exposición aparece un momento clave en la historia del arte de la Argentina, ya que muestra ese primer momento de puja, de diálogo involuntario o desliz, entre la fotografía y la pintura. En este sentido la curaduría de Facio aporta aire fresco dentro de la generalidad de las propuestas Es original. Las obras se nos presentan como memoria histórica.

Ese era justamente, uno de los puntos clave de mi trabajo como curadora: la fotografía como memoria visual del país. Se iría mostrando costumbres y cambios de nuestra sociedad a lo largo de casi 200 años. Siempre a través de artistas de magnitud, que fue el otro gran objetivo.

Mostrar el rico patrimonio del MNBA, en su fuerte contenido estético y humano. Tengamos siempre presente que esas obras nos pertenecen a todos los argentinos. Pinturas, esculturas, dibujos, grabados y ¡finalmente! : Fotografías. Tuvimos que esperar más de un siglo para verla incorporada a nuestro museo mayor y como se demostró, es el mejor espejo de nuestra Historia.

Se trata de un lenguaje visual que imprescindiblemente ha de ser figurativo, pero no es arte realista y punto. Porque si bien la fotografía no puede desprenderse de su entidad que es mostrar el hombre al hombre, tiene un agregado: muestra el hombre en su momento. En su contacto total con lo contemporáneo. Después, se mira como Historia.

Los que escribimos con luz, hacemos el primer borrador de la Historia. Más tarde se podrá adornar con palabras, con técnicas o corrientes estéticas a la moda, se podrá alterar o tratar de disimular el medio. Pero, la primera imagen está. El documento o el testimonio, según el grado de intensidad que pueda transmitir el operador se encuentra en la toma primitiva. Y quién quiera ver, verá.

Quizás sea esa la mayor diferencia que existe con las otras manifestaciones artísticas en las que todo es elaborado con tiempo y cuidado, donde lo real está contaminado por lo subjetivo, lo imaginado, lo soñado, lo querido más allá de lo real.

Las obras de esas otras disciplinas oscilan del presente al pasado o al futuro, mientras que la fotografía refleja siempre el hoy. Y esto no significa que el fotógrafo no use formato y soporte para expresar sus más hondos sentimientos en forma metafórica o simbólica. Para eso crearon como nadie - antes del photoshop - el montaje manual, la solarización y tantas técnicas que lo alejan de la fotografía directa, sin por eso traicionarla. Fueron maestros en esas técnicas Pedro Otero, Annemarie Heinrich, en los años ´50.

Una muestra de esa utilización puramente fotográfica y a la vez conceptual y simbólica, es hoy la obra de RES. Su autorretrato Yo Cactus, es una muestra deslumbrante de transformación de la imagen por medios absolutamente fotográficos y con uso perfecto de la nueva tecnología.

A RES también le debemos una serie de pasajes de la Historia argentina en la época de la llamada Conquista del Desierto, con connotación crítica y apropiación de obra ajena, (tomas de Antonio Pozzo, a quién cita) con un sentido preciso y válido que hace a la comprensión de la idea.

Con Imágenes Paralelas quise mostrar la similitud que hubo entre los plásticos con el nuevo lenguaje tanto en la temática como en el tratamiento de esos temas, pero esa diferencia fundamental, el reflejar el hoy, sólo se da en la fotografía. Fue un ejercicio estimulante.

En la búsqueda de las últimas décadas hubo un problema; la homologación se convirtió en un ejercicio más complicado, más difícil de enhebrar. Se podría argumentar que el Patrimonio Nacional no acoge obras más comprometidas con la realidad, descuido que podemos atribuir a una falta de interés o riesgo de los funcionarios, o a la eterna excusa de la carencia de presupuesto.

Es decir que ese diálogo tan fluido hasta ayer, desde los años ´70, se está convirtiendo en un monólogo en el cual la fotografía ha tomado protagonismo por cantidad y calidad. Los acontecimientos se suceden con tal velocidad, que la pintura tradicional no llega a registrarlos.

Así es cómo, por ejemplo, el tema de los Derechos Humanos, de la violencia urbana, de la pobreza ambulante por las calles de la ciudad, prácticamente está ausente en la pintura patrimonial, mientras que en la fotografía ha sido una causa recurrente desde el primer momento. Recordemos la obra de Andy Goldstein o de Daniel Rivas en los ´70 que debió forzosamente, por la censura imperante, ser metafórica. Ellos en ese mismo momento se referían a los desaparecidos y a la censura. Goldstein con tomas directas, Rivas con montaje y collage.

Desde entonces y hasta hoy, día a día son más los que reflexionan y se refieren a esos sucesos en forma directa o simbólica. Creando situaciones análogas, acercándose a las otras disciplinas y alejándose del hoy fotográfico.

La referencia a los desaparecidos durante la última dictadura es totalmente evidente en los trabajos de Julio Pantoja, Marcelo Brodsky o Santiago Porter, en ellos, como en tantos otros, la fotografía adquiere el carácter de arte conceptual donde se ilustra una idea, aún con imágenes ajenas. Helen Zout propone una mezcla de sustitutos análogos y tomas actuales que le dan mayor sustento a su desgarradora serie Desapariciones.

En las artes tradicionales las obras de León Ferrari o Juan Carlos Distéfano son una excepción y demuestran su valiente compromiso. Artistas como Carlos Alonso o Diana Dowek fueron sensibles a esos temas, pero no figuran hasta hoy entre los elegidos para el Patrimonio.

Los trabajos de Ananké Assef desnudan sin tapujos cómo la gente de clase media trata de defenderse de la delincuencia: portando armas. Algo impensable en otros tiempos. Tomas directas, discretas en el mensaje y aunque posadas, con toda la verdad de un problema actual preocupante que impacta profundamente.
Son un hoy y aquí. Y no necesita explicación alguna porque el crecimiento de la violencia urbana es, también, un problema universal.

Sí, existe una concordancia notable en la representación de la gente común, de los seres anónimos. La irrupción de la multitud, el reflejo de personas de toda clase social y el agobio ante avalanchas de desconocidos ha ido tomado un lugar preponderante en las artes visuales en general. Lo vemos en las obras de Antonio Seguí, Ana Eckell, Carlos Gorriarena en paralelo a Raúl Cottone, Gaby Messina, Eduardo Médici.

No es necesario señalar el uso y abuso que hace el periodismo gráfico en ese sentido. Nada más publicado en las últimas décadas que la multitud, los desconocidos o los famosos por quince minutos que nos descubrió Andy Warhol. Seres que no son nadie ni hacen nada bueno y que de inmediato pasan al olvido.
La Colección Fotográfica del MNBA acoge decenas de excelentes fotos de reportaje sobre este punto: Eduardo Longoni, Don Ripka, Jorge Aguirre, Eduardo Comesaña, son sus paradigmas.

El reflejo de una realidad con un toque de mordacidad e ironía, no exento de piedad, está presente en las obras de Marcos López o Ataúlfo Pérez Aznar. López desde su primera incursión reflejó seres ignotos (recordemos que los llamó retratos de provincia) como husmeando en su intimidad, con humildad y sorpresa. En cambio, Pérez Aznar horrorizó a muchos con su frontal mirada a lo común, a lo desprolijo, rescatando personajes carentes de toda pose y elegancia a la que nos tenían acostumbrados las crónicas marplatenses hasta la década del ´80.

La fotografía se ha adelantado a cualquier manifestación que quiera mostrar al hombre en su momento. Las disciplinas que más se aproximan son, desde los años ´70 en adelante, el video, la televisión, las instalaciones y el arte efímero.

Y siempre la fotografía tanto en lo documental, testimonial como en lo reflexivo está al día.
En el momento que ocurre el hecho la fotografía está escribiendo la Historia.


Sara Facio (Revista Foto Mundo) 02-03-2011















26 de abril de 2012



Doris Lessing
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Dr. Federico Leloir

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25 de abril de 2012







La Sra. Sara Facio nos hizo llegar esta foto referente al festejo de su cumpleaños Nro. 80, acompañada de un texto que dice: “Agradezco muy profundamente los mensajes de esos amigos virtuales que me felicitaron. Es abrumador. No sé cómo retribuir tan cálida compañía. Solo puedo decir ¡Gracias!"
Sara Facio.


(En la foto, rodeada de los amigos que conforman el “Petit Comité”: la Negra, Silvana, Carmen, Graciela, María, Guillermo y Ana).
Foto: Mariana Facio













24 de abril de 2012



SARA FACIO. Entrevista de la Revista Viva 
del Domingo 22 de Abril de 2012









                               


                                  



                            




                            


















23 de abril de 2012




FERIA DEL LIBRO 


A quienes tengan oportunidad de visitar la Feria del Libro de la Ciudad de Buenos Aires, les informo que en el Stand 610 (Calle 12 Pabellón Azul) de Galerna, se encuentran los libros de Sara Facio de Editorial La Azotea. 



22 de abril de 2012




CRONISTA DE MI CIUDAD


Durante años, Sara Facio salía a recorrer Buenos Aires en un Fiat 600 para capturar ese instante único que late en cada esquina. Hoy, a los 80, abre su álbum y comparte su legado: retratos de un paisaje porteño que ya parece mítico.
http://www.lanacion.com.ar/1466912-cronista-de-mi-ciudad



Lustrabotas en Florida y Córdoba.
La fotógrafa fue pionera en plasmar la vida de la ciudad a través de sus habitantes, como en este caso


21 de abril de 2012




Eduardo Mallea


"La peor, la más nociva, la más condenable de todas las personas actuantes en la superficie de la Argentina, es la persona que ha sustituido un vivir por un representar. No se trata de un tipo universalmente común, sino de una especie muy nuestra de virtuoso social del fraude. Tras una apariencia de enciclopédico e instruido, sus sedicentes ideas son muchas y sus creencias ninguna. Toda su actuación es un accionar; aún cuando piensa, acciona. Si hubiera en él algo que no pudiera accionar, lo mutilaría -así como se lleva el cirujano un abseso descompuesto.... Son los que, según sus propias palabras -siempre abundantes, rara vez retenidas, medidas, en lo público o en lo privado, en la alcoba o en el banquete- hacen al país"

(Fragmento de "Historia de una pasión argentina"
Foto: Sara Facio)


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18 de abril de 2012




Nuestra querida y admirada artista Sara Facio cumple hoy 80 maravillosos años de vida.
Muchas Felicidades Sara, y gracias por tanto arte!!!



16 de abril de 2012

"Verano en Punta del Este"



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¿La fotografía es arte?






Cuando la fotógrafa es Sara Facio, sí. Los personajes más célebres de la Argentina, y algunos del mundo entero, están en la muestra retrospectiva de sus obras que viajarán luego por todo el país. Son mucho más que rostros, composiciones de luces y sombras y circunstancias. En cada foto, Sara Facio desnuda el alma de su modelo.
  
Ella dice que siente devoción por los creadores, que lo más maravilloso que puede existir sobre la tierra es un creador de arte, no importa que sea pintor, escultor, escritor o fotógrafo. “Son mis héroes o mis heroínas”, añade. Ella es Sara Facio, devenida fotógrafa cuando quería ser historiadora de arte. Todo comenzó cuando, en 1955, viajó becada a París para estudiar Historia del Arte y se encontró con un amigo que le recomendó que se comprara una cámara fotográfica.  Y, desde entonces, comenzó un romance entre ella y las imágenes, un romance que no cesa, una relación maravillosa, tal como se puede ver en sus libros o en la exposición retrospectiva de sus trabajos que, en unos días, se trasladará a diferentes capitales y ciudades provinciales, una exposición itinerante que permitirá a los argentinos apreciar sus obras.

–Y cuando fue a París, Sara, ¿sus padres se pusieron contentos? 
–Mamá sí, estaba encantada. Papá estaba preocupado, una chica de veinte años sola en París… En ese París de 1955, la posguerra aún hacía sentir sus efectos, y beca o no beca, Sara tenía que cuidar sus centavos. Apenas se permitía ir a tomar un café de vez en cuando “al Fiore, en la mesa de al lado de Simone de Beauvoir y Jean Paul Sastre. ¿Si hablé con ellos? No, yo era tímida y no me animaba.”  Cuando regresó, junto a su condiscípula y amiga Alicia D´Amico comenzaron a tomar fotos como profesionales. Pero nada de fotos artísticas: el padre de Alicia tenía una casa de fotografía, y ellas sacaban escenas de cumpleaños, bautizos o casamientos. Y estudiaron y fueron aconsejadas por Annemarie Heinrich, hoy una leyenda de las fotografía.

–Y entonces empezaron los libros. –
No tanto. Nos asociamos al Foto Club y tuve la suerte de ganar un concurso. Mi padre se emocionó, y yo también. Pero empezamos a colaborar, Alicia y yo, en el rotograbado del diario La Prensa, y después en La Nación. Sin dejar la fotografía como trabajo, sin dejar de hacer fotos de casamiento o de comuniones, claro. Pero yo admiraba a Otto Steiner, un fotógrafo alemán que hablaba de la fotografía subjetiva.    

 –Volvamos a París. O a Europa. ¿Pudo viajar? 
–Sí, viajaba “a dedo”. Estuve en Alemania, y en Bélgica, y recorrí Italia. En Italia hice una vez “auto stop” y el que me llevó era un senador que se indignó de que anduviera sola por los caminos: “Ma, ¿cuesta e forma de girare por el mondo? ¿Una signorina?”, se enojó. Pero tuve suerte. Nunca me llevé ningún susto ni tuve miedo..

–Sara, ¿solamente hizo fotos sociales y artísticas?
 –No. Con Alicia hicimos fotos publicitarias. El primer trabajo fue para la Transatlántica, una empresa aérea que voló muy poco tiempo. Pero pudimos, Alicia y yo, volver a Europa gracias a ese trabajo. Y también la campaña de la máquina de escribir Lexicon, de Olivetti, y muchas más. Nos pagaban muy bien.

–Y llegaron los libros. –Por suerte. Pero recién en 1968, con un libro llamado Buenos Aires-Buenos Aires, Más de 200 fotos, con textos de Julio Cortázar.

–¿Eran amigas de las celebridades?  
–Bueno…cuando conocimos a Julio él no era tan famoso como lo fue después, pero sí, era amiga de Cortázar. Cuando él, que vivía en Francia, venía a la Argentina, se quedaba en casa o, si ocupaba un departamento, venía a comer conmigo muy seguido. Era un hombre absolutamente encantador. Y la fotografía me permitió relacionarme con muchos artistas. Con algunos hicimos amistad.

Mientras tanto, la vida Cuando se le pregunta si la vida, además de una profesión y una vocación por la belleza le dio otras cosas, Sara admite: “Tuve una familia muy buena y comprensiva, tuve muchas felicidades, y amigos y amigas muy buenos”.

–¿Y nunca quiso tener su propia familia? 
–Estaba de novia, muy enamorada, y a pocos meses de casarme, el día de mi cumpleaños, mi novio me preguntó qué quería que me regalara. Acababan de editar un libro maravilloso sobre Rembrandt y se lo pedí. “No”, me dijo “¿Para qué querés un libro de arte? Cuando nos casemos quiero que te dediques a la casa y a criar a los hijos que tendremos. Mejor te regalo una batería de cocina”. Fue un mensaje tan claro que rompí con la relación, y nunca más quise casarme. Aprecio mi independencia y el derecho a tener libros de arte en mi casa. La lectura es una de mis grandes pasiones, junto con las fotos, el cine y la música.

–¿Cuál es su libro preferido? 
–El Libro de las mil y una noches. Está lleno de maravillas. Pero soy una lectora voraz: Borges, Cortázar, todos. Releo mucho, del mismo modo que cuando una melodía o una película me gustan las veo o la escucho más de una vez.

–¿Cuáles fueron sus mejores modelos? ¿Cortázar? 
–No. Pablo Neruda. Estuve un mes en su casa de Isla Negra, en Chile, e hizo miles de fotos que luego se resumieron en unas doscientas.

–¿Era fotogénico Neruda, de esos personajes que siempre salen bien en las fotos, como Cortázar o el Che Guevara? 
–No. La persona más fotogénica que he visto (y nunca tomé una foto de ella) fue Brigitte Bardot. En cualquier pose era impresionante. Me hubiera gustado fotografiarla.

–¿Qué dice de sus fotos el público que va a su exposición? 
–Por lo general, les gusta. Si alguien piensa que hice un mamarracho, no me lo ha dicho. Hace unos días me llamó una amiga, por teléfono. Había visto las fotos de la escritora Martha Lynch, fotos que tomé poco antes de su suicidio. A mi amiga se le quebraba la voz: “Martha Lynch estaba tan sola, tan triste. Es conmovedora”, me dijo. Por supuesto, cuando la fotografié no sabía que quería suicidarse. Pero la foto registró todos sus estados de ánimos.

–¿Es su foto preferida? 
–No, no. Cuando expongo o hago un libro, todas las fotos son mis preferidas. De otro modo, no las editaría. 

(Por Carlos Baudri. Para NUEVA. La revista del Interior)



2 de abril de 2012