31 de enero de 2013

Olga Orozco

"...¿Pero por qué, se dice uno de pronto, esa recurrencia narcisista, ese
¿Con qué derecho se entra a la ciudad que es sueño y es distancia, simulacro de reflejos?
Ella misma contesta y consiente, también Buenos Aires es una abstracción.
De la ciudad sólo tenemos los párpados, la piel, la risa o el rechazo, la moviente superficie de los días. Inútil obstinarse, querer poseerla en lo hondo, la vida nos alcanzará para conocer casas, una casa cada tantos miles de casas, y puertas, una puerta entre incontables puertas, y cafés, allí donde páginas y páginas de la guía telefónica los alinean irónicamente. ¿Y lo demás? Hablo apenas de las cosas, de los cubos y las galerías donde murmura el inmenso enjambre de la ciudad.
¿Quién puede jactarse de conocer más que las fachadas que dan sobre esas calles porteñas, y unas pocas calles por las que infinitamente fluye su sangre cotidiana?

Julio Cortazar
(Del Libro Buenos Aires Buenos Aires)
Avenida Corrientes y Carlos Pellegrini



Funerales del Presidente Perón.
Foto1: Dolor en Plaza de Mayo
Foto2: Coronas.

1931. Nueva York

Le cuento todo lo que quiera saber de Isla Negra si a cambio usted me habla de Delia Del Carril .
Qué querés que te diga. Era mi querida amiga.
Con un carácter maravilloso: divertida, sociable.
Ideal compañera de viaje, tan infatigable como yo.
Seductora como pocas. Caían a sus pies los enamorados.
En 1931 nos fuimos juntas de París a Nueva York. Mi primer viaje a Estados Unidos. Cómo lo gozamos. Inolvidable!
Y a la vuelta recorrimos América del Sur. Bajamos en Panamá, Perú y Chile. Delia no conocía a Neruda entonces, pero tampoco vivía con su marido.
Cuando comenzó su historia con Neruda, yo moría por conocer Isla Negra. ¿Cómo es esa Isla?

¡Lo que Victoria no supo nunca es que Neruda tenía una curiosidad infinita por su personalidad y sus proyectos! cada vez que nos encontrábamos, en cualquier lugar, me preguntaba muy ansioso: ¿Y viste a Victoria? ¿En qué está esa mujer arrolladora, incansable?

Victoria Ocampo




Palais Royal, París.



En busca de la tarde
fui apurando en vano las calles.
Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra.
Con fino bruñimiento de caoba
la tarde entera se había remansado en la plaza,
serena y sazonada,
bienhechora y sutil como una lámpara,
clara como una frente,
grave como ademán de hombre enlutado.
Todo sentir se aquieta
bajo la absolución de los árboles
–jacarandás, acacias—
cuyas piadosas curvas
atenúan la rigidez de la imposible estatua
y en cuya red se exalta
la gloria de las luces equidistantes
del leve azul y de la tierra rojiza.
¡Qué bien se ve la tarde
desde el fácil sosiego de los bancos!
Abajo
el puerto anhela latitudes lejanas
y la honda plaza igualadora de almas
se abre como la muerte, como el sueño.

Jorge Luis Borges 
(De: Fervor de Buenos Aires)

 Foto: PLaza San Martín


30 de enero de 2013

Osvaldo Terranova, Cipe Linconvsky, Sergio Renán, Leopoldo torre Nilsson, Jorge Rivera López, Héctor Alterio y Hugo Arana. "La vuelta al hogar" 
(De la Serie Escenarios)

Sara y Alicia han fotografiado Buenos Aires con un soberano rechazo de temas monumentales, de itinerarios pintorescos o insólitos; sus imágenes nacen de algo que participa de la caricia, de la queja, de la llamada, de la complicidad, de la amarga denuncia, todos los gestos interiores de una sensibilidad coincidiendo con la razón estética para que cada apertura sobre la ciudad tenga algo de velo de la Verónica, de lino enjugando una cara mojada por la vida.

Julio Cortazar
(Del Libro Buenos Aires Buenos Aires)
Foto: Mateo en Palermo




Punta del Este, Uruguay. 1994

MONSTRUOS

Qué vergüenza
carezco de monstruos interiores
no fumo en pipa frente al horizonte
en todo caso creo en mis huesos
son importantes para mi y mi sombra
los sábados de noche me lleno de coraje
mi naríz qué vergüenza no es como la de Goethe
no puedo arrepentirme de mi melancolía
y olvido casi siempre que el suicidio es gratuito
qué vergüenza me encantan las mujeres
sobre todo si son consecuentes y flacas
y o confunden sed con paroxismo
qué vergüenza Dios mio no me gusta Ionesco.

Sin embargo estoy falto de monstruos interiores
quisiera prometer como Dios manda
y vacilar como la gente en prosa
qué vergüenza en las tardes qué vergüenza
en las tardes más oscuras de invierno
me gusta acomodarme en la ventana
ver cómo la llovizna corre a mis acreedores
y ponerme a esperar o quizás a esperarte
tal como si la muerte fuera una falta alarma.


Mario Benedetti
(De "Poemas de Hoyporhoy)


Norma Aleandro

De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso parqué, remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina donde un hombre bebe triste coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hasta el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.

Julio Cortazar
(Las Líneas de la mano)



29 de enero de 2013

Severo Sarduy

"Con los dedos se peinaba
la memoria de cabellos de sol,
de la que caían lenguas de astronomías
habladas a través de los astros
y de marimbas de teclados de espejos
que golpeaban goterones elásticos
en fechas emplumadas de chirimías y tambores
y todos los sonidos 
de las palabras celestes...
Las palabras 
operarias de la luz."

Clarivigilia Primaveral
Miguel Angel Asturias



Ezeiza I y II (de la Serie Perón Vuelve)

"...Después vendría el Luna Park, claro, las noches de Beluchi y Mario Díaz, los números de Sur, olor de jardines y plazas en Villa del Parque, paredones de la Chacarita, algún amanecer de vuelta a pie, churrascos en las parrillas del puerto, veladas del Colón, Parsifal, bancos de la Plaza Lavalle y del Congreso, asomos a los bordes, la Boca o el Tigre, pequeños países diferentes de lo cotidiano, avanzadas del gran misterio río afuera, pampa afuera."

Julio Cortazar
(Del Libro Buenos Aires Buenos Aires)
Foto: Teatro Colón



Chou-Tuh no es mío ni de nadie.
Tiene independencia oriental.
Sería más sensato decir que yo soy suyo.

Pablo Neruda


Nadie tan desconocido físicamente, para un hombre –fuera, por supuesto del que es un Narciso total-, como él mismo. A los demás los está viendo, examinando, analizando, en todo momento, mientras que a su propia estructura solo la tiene delante cuando se afeita: el resto del día se le escapa. De ahí procede su sorpresa, su espanto (mi sorpresa, mi espanto), cuando de súbito se enfrenta consigo, por ejemplo en la cárcel de un ascensor. 
Tarda un segundo en adaptar, en adecuar esa imagen -¡tan distinta!- a la que él mismo se ha elaborado… mucho menos desagradable.
Luego, no bien huye de la prisión del espejo, su sentido de la conservación recupera, espontáneamente la auto-imagen perdida y, aliviado, prosigue su andanza con los descartados rasgos que Dios le dio, hasta la próxima trampa de espejos. Por lo menos, es lo que a mi me sucede.

Manuel Mujica Láinez



28 de enero de 2013

Sara Facio con Gabriel García Márquez en Buenos Aires (1967)
El Duelo

Pusieron cintas negras en mi pelo,
me vistieron de blanco y colocaron
en mi cintura un cinturón que ataron
con un moño que era de terciopelo.

Como un espejo, la ventana, el cielo
mi figura enlutada reflejaron,
las nubes y los ángeles cantaron
una alegre canción que era de duelo.

Y cuando me llamaron a la sala
para que saludara a las visitas
imaginé el color azul de un ala

y al ver aquellas lágrimas contritas
el beso absurdo que no quise darte
me permitió teatralmente llorarte.

Por la calle Viamonte que iba al puerto
celeste como el agua era estar muerto.

Silvina Ocampo
(Poesia "De Amarillo Celeste")



Acuario en Nueva Orleans, 1992

"Esos purretes que ríen, ¿serán un día la gente que entra una vez más en el brete de los subtes, en el ir y venir del Buenos Aires cotidiano?
En sólo 20 sábados, como dice el cartel, en tantos otros 20 sábados, ¿cambiarán esas risas por la espalda vencida del ciudadano camino del trabajo?
Pero arriba, más allá del último escalón, se adivina brillando el sol porteño, empieza la calle, sigue la vida."

Julio Cortazar
(Del Libro Buenos Aires Buenos Aires)
Foto: Chicos de Buenos Aires


Fotogalería Teatro General San Martín. 1987

En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes , sin los cuales no podría vivir.
Los he comprado, los he encontrado,
me los han regalado. 
He edificado mi casa también como un juguete 
y juego en ella de la mañana a la noche.

Pablo Neruda


27 de enero de 2013

Arturo Jauretche


"...una brisa entró por la ventana y estremeció las cortinas de cretona. Algo en mí también se estremeció. Para sacar fuerzas de la debilidad murmuré: le vent se léve, il faut tenter de vivre. De pronto cerré la peligrosa ventana.
Después dejé mi cuarto y partí a recorrer el hotel, que era muy grande, una suerte de monstruosa cabaña de piedra y de madera barnizada. Y, ¿como pude olvidarlo? de cuero dentro, totalmente de cuero. Aún hoy yo no veo sobre una mesa una de esas perfumadas cajas de cuero sin una contracción de espanto. Qué profusión, qué lujo. En todo lujo palpita un íntimo soplo de vulgaridad..."

Adolfo Bioy Casares
(Fragmento de " Clave para un amor")


Museo en Houston. 1994

Milonga

Extraño la Cruz del Sur
cuando la sed me hace alzar la cabeza
para beber tu vino negro, medianoche.
Y extraño las esquinas con almacenes dormilones
donde el perfume de la yerba
tiembla en la piel del aire.

Comprender que eso está siempre allá
como un bolsillo donde a cada rato
la mano busca una moneda el cortapluma el peine
la mano infatigable de una oscura memoria
que recuenta sus muertos.

La Cruz del Sur el mate amargo
y las voces de amigos
usándose con otros.









Julio Cortazar
(del Libro Buenos Aires Buenos Aires)
Foto: Estación Retiro. Avenida Maipú y Avenida Del Libertador



VICTORIA OCAMPO    (07-04-1890 / 27-01-1979)
A 34 años de su fallecimiento. 

"Fue la primera escritora que me motivó para comunicarme directamente. La había conocido a través de críticas adversas. ¡Cuando leí su primer libro me pareció tan argentina!. En su lenguaje, la manera de contar, sus sentimientos. Todo era un producto específico de nuestro país"

Sara Facio




Julio de todas formas decidió viajar a pesar de las advertencias y donar los derechos de su última publicación, El libro de Manuel, a los familiares de presos políticos.
El Acto de anuncio de la determinación, en la sede de la Federación Gráfica Bonaerense en la Avenida Paseo Colón, fue convocante y polémico. Dio lugar a interpretaciones de todo tipo a favor y en contra. A abrazos y a insultos. No faltó nada, ni el miedo.

Sara Facio



26 de enero de 2013

Humanario

"...En la calle donde vivimos veinte años y que creemos tan nuestra, detrás de cada pared y cada ventana se abre el territorio de lo inalcanzable, las profundidades de los patios que no veremos nunca, y en las habitaciones que dan a cada patio las mesas de luz y los espejos que no veremos nunca, y en cada torre de aluminio y de cristal los departamentos a los que no subiremos, los salones y los cuadros y las cocinas y las duchas y los balcones que no nos será dado conocer. No hablo más que de las cosas; estamos fuera, irremisiblemente fuera de las cosas que hacen la ciudad, y desde esa exclusión inventamos un contacto y una permanencia y un conocimiento con la secreta y admirable desesperación con que lo hemos inventado todo. Rechazados desde el fondo de los tiempos por la naturaleza venenosa, la hemos inventado amiga y servidora; rechazados por la ciudad que no es de nadie, la hemos poseído por el amor, por la violencia, por el vagabundeo, por una oscura poesía de bares y trabajo. También yo la invento desde aquí, desde fuera como cualquier otro, más cerca quizá que otros."

Julio Cortazar
(Del Libro Buenos Aires Buenos Aires)
Foto: Carnaval en La Boca



Indulto

"Aceptar de rodillas igual que bestia sola
la eternidad terrible del herraje de ser hindio
que estornuda estrellas gemebundas,
estrellas de madera, por las narices de sus marimbas,
mientras el mundo duerme intacto bajo la cáscara nocturna.

Miseria del agua y fuego,
y las seguras vueltas del humo
junto a las madres tristes de estar oliendo a nada
alrededor de ellas, porque ya nada huele,
desde que el hijo, convertido en hombre,
dejó su huella agradecida al cielo
que entre cerros enseña con las nubes
cómo mover los pies en los caminos.

(Fragmento de Meditaciones del pie descalzo)
Miguel Angel Asturias



André Kertesz en la Fotogalería del Teatro San Martín

El poeta carpintero fue desgranando la madera
 donde yo escribí con tiza los nombres de mis amigos muertos.
Sobre mi cabeza están todos ahora.
Pequeña antología de mis dolores.

Pablo Neruda


25 de enero de 2013

Puerto de Buenos Aires. Buenos Aires, 1966
Villa Ocampo en San Isidro
Mirá si querré esta casa que cada día veo las figuras del Tata Ocampo, mi abuelo, paseando con tío López por el corredor donde aprendí a caminar.
Tenía cinco años cuando murió el Tata Ocampo. Fue la primera noticia sobre la muerte y sentí pánico.
En Villa Ocampo había un laguito con cisnes. Son malos, a pesar de ser tan blanquitos.
¡Está todo lleno de piedritas, qué colores, qué suavidad!
Me gustan más que las bolitas de la juguetería.
Era una niña cuando escribí esto.
Todo era ceremonia en esa casa donde los niños éramos la razón de vivir de todos. Nos cuidaban hasta del aire. Había terror por las enfermedades y nuestro aspecto debía ser impecable.
Después del té en San Isidro, nos lavan la cara, las manos y nos cambian de ropa. Nos ponen siempre unos cinturones muy anchos, de cintas muy tiesas y de colores distintos, sobre los vestidos blancos.

Victoria Ocampo
(del Libro Victoria Ocampo en Fotografías)



Susana Rinaldi


"Cuando una es de tierra adentro
también es de cielo afuera.
Si viene pa Buenos Aires
un calabozo la espera
y pregunta donde está
el cielo de la ciudad"

María Elena Walsh

De "La Juana"



Doris Lessing

"...Entonces de golpe algo como una felicidad de puro presente lo mezcla con viento del río y olor de calle, de recova y de café con la viviente respiración de su ciudad recobrada desde tan lejos.  El familiar volverá a perderse por el centro o los suburbios silbando el tango que ya no es compañero irónico de hombre solo entre gente sola. De alguna manera, aunque pocos los comprendan, él sabe ahora que nunca se fue de su ciudad, que se buscó así mismo para encontrarla mejor aunque no haya de volver nunca, aunque el tiempo siga tejiendo el único mar que distancia verdaderamente de las cosas queridas."

Julio Cortazar
(Del Libro Buenos Aires Buenos Aires)
Foto: Nueva Pompeya



24 de enero de 2013

Museo Guggengeim. Nueva York, 1960


"He colocado junto a los sulfuros la foto que le tomaste a Matilde; me gusta así, con su rostro de proa y su nariz victoriosa" 
Pablo Neruda




Dr. Luis Federico Leloir.
(Premio Nobel de Química 1970)

La Ciudad

El río baja por las costas
con su alternada indiferencia
y la ciudad lo considera
como una perra perezosa.
Ni amor, ni espera, ni el combate
del nadador contra la nada.
Con languidez de cortesana
mira a su río Buenos Aires.
El tiempo es ese gris compadre
pitando allí sin hacer nada.

Julio Cortazar
(Del Libro Buenos Aires Buenos Aires)
Foto: Costanera Norte


De la Serie Perón Vuelve

"El día era más largo en tus veredas
que en las calles del centro,
porque en los huecos hondos se aquerenciaba el cielo.
Los carros de costado sentencioso
cruzaban tu mañana
y eran en las esquinas tiernos los almacenes
como esperando un ángel."

Jorge Luis Borges.
(Fragmento de Elegía de los portones")


23 de enero de 2013

Duke Ellington
"En ese tiempo, no mucho después del accidente, comenzaron a decirle Pichulita. El apodo nació en la clase ¿fue el sabido de Gunucio el que lo inventó? claro, quien iba a ser? y al principio Cuéllar, Hermano, lloraba, me están diciendo una mala palabra, como un marica, ¿quien? ¿qué te dicen?, una cosa fea, Hermano, le daba vergüenza repetírsela, tartamudeando y las lágrimas que se le saltaban, y después en los recreos los alumnos de otros años Pichulita que hubo, y los mocos que se le salían, cómo estás, y él Hermano, fíjese, corría donde Leoncio, Lucio, Agustín o el profesor Cañón Paredes: ése fue. Se quejaba y también se enfurecía, que has dicho, Pichulita he dicho, blanco de cólera, maricón, temblándole las manos y la voz, a ver, repite si te atreves, Pichulita, ya me atreví y qué pasaba y él entonces cerraba los ojos, y tal como le había aconsejado su papá, no te dejes muchacho, se lanzaba, rómpeles la jeta....."

Mario Vargas Llosa
(Fragmento de "Los cachorros")