30 de junio de 2013



“Al principio, no era demasiado un planteo teórico nuestro, pero después nos dimos cuenta que en el fondo lo que hacíamos era eso; o sea, prescindiendo de los ismos y de las tendencias y de las vanguardias, bueno, sin darnos cuenta estábamos ahondando en nosotros mismos y buscando un lenguaje propio. Vuelvo a repetir, en una gran parte de nuestra historia personal, no tan consciente, digamos, en mí se fue haciendo más consciente con los años y con Carreño pasaba lo mismo y con Cañás, igual. 

Cada uno ha hecho una cosa propia, diferente, que tiene seguramente elementos que pudieron habernos influido indirectamente o directamente pero nunca copiándolos. Yo siempre digo que  durante el informalismo  todo eso que recibíamos como las cosas que venían de todos lados, nos movilizaba, nos servía para digamos, darnos libertad. En el fondo, “¡Ah!¿Se puede hacer esto? ¡Ah! ¿Se puede tirar pintura? ¡Ah! ¿Se puede hacer materia?” De repente no hacíamos, pero la pucha podemos intentar. Y digamos, dije eso como muchas cosas. 

A mí mismo, que como escultor, donde el informalismo influyó mucho menos en la escultura, me sirvió. Me acuerdo que de las cosas que fui haciendo metía más materia con menos complejo ¿viste? Como que estaba permitido ¿viste? Y entonces sentía el placer de trabajar de esa manera, con imágenes, siempre con imágenes propias y así pasaron muchas cosas que fuimos recibiendo aquí en nuestro país desde el exterior. Así que nunca fuimos un grupo que planteó una concepción determinada para el arte , sino que cada uno trabajó individualmente y yo siento que cada uno se insertó sin buscarlo en la realidad que le tocó vivir, tanto Cañás, como Linares, como Carreño y como yo en la escultura.”

LEO VINCI
Escultor argentino.
(Fragmento sobre El grupo del Sur)


FOTO: "Taller del Sur" (De la serie primeros premios) 

El taller, en el barrio de Barracas, fue originalmente concebido por Jorge Pérez Roman, excelso pintor cuya excepcional obra es  lamentablemente desconocida en Argentina.
Este taller fue el espacio que utilizó el Grupo Sur para sus actividades artísticas, fueron (entre otros) sus integrantes iniciales: Perez Román, quien prácticamente no actuó en el Grupo porque emigró a Francia donde residió hasta su fallecimiento, Ezequiel Linares, Rene Morón, Leo Vinci, Carlos Cañás y Aníbal Carreño. De izquierda a derecha podemos ver una escultura de  Vinci que era el único escultor del grupo. Leo Vinci reclinado en una silla, un Sr. presumiblemente de apellido Loza y Carlos Cañás sentado.





Che, bandoneón!

El duende de tu son, che bandoneón,
se apiada del dolor de los demás,
y al estrujar tu fueye dormilón
se arrima al corazón que sufre más.
Estercita y Mimí como Ninón,
dejando sus destinos de percal
vistieron al final mortajas de rayón,
al eco funeral de tu canción.

Bandoneón,
hoy es noche de fandango
y puedo confesarte la verdad,
copa a copa, pena a pena, tango a tango,
embalado en la locura
del alcohol y la amargura.
Bandoneón,
para qué nombrarla tanto,
no ves que está de olvido el corazón
y ella vuelve noche a noche como un canto
en las gotas de tu llanto,
¡che bandoneón!

Tu canto es el amor que no se dio
y el cielo que soñamos una vez,
y el fraternal amigo que se hundió
cinchando en la tormenta de un querer.
Y esas ganas tremendas de llorar
que a veces nos inundan sin razón,
y el trago de licor que obliga a recordar
si el alma está en "orsai", che bandoneón.

Homero Manzi - Aníbal Troilo
Foto: Rodolfo Mederos









"Apelaré a la eficacia de una creencia popular: ”cuando se habla de familia, todo el mundo entiende de qué se trata”, asumiendo el riesgo, puesto que no sabemos qué quiere decir “todo el mundo”, expresión lo suficientemente abarcativa como para carecer de consistencia; además, desconocemos el sentido que se le otorga a “entiende”. Dicha ambigüedad es la que le imprime fuerza a esa creencia que se jerarquiza como una suposición aceptada de consumo.

Los documentos informan acerca de modelos de convivencia que el imaginario social de las clases medias urbanas suponía adscriptos a cambios inaugurales protagonizados recientemente en el ámbito de las relaciones intrafamiliares. Tal creencia resultaba del desconocimiento de otras formas de vida o estilos familiares mantenidos en penumbra por la información periodística. 

El narcisismo de clase, que tiende a centralizar en las propias experiencias los códigos que se supone deben regir in omnia mundi, condujo a eludir el conocimiento de las variedades convivenciales que pueblan, no diría el planeta, pero sí las vecindades. La cronicidad del pensamiento indiferente acerca de lo que otros seres humanos hacen con sus organizaciones familiares, como parte de la vida social compartida, podría depender de la consideración hacia esas personas / otras clasificadas como inferiores. 

Ese narcisismo, socializado por las pulsiones de apropiación que conducen a incorporar -lo más velozmente posible- las corrientes culturales que emergen desde Estados Unidos o Europa, autoriza a los diversos sectores de las diferentes clases sociales a “modernizarse”, a ”estar de onda”, copiando modas y costumbres cuya inspiración no provenía de las pautas convencionales aprendidas en sus propias familias. 

Pero esas corrientes culturales trajeron consigo las informaciones provenientes de los nuevos movimientos sociales, de las minorías sexuales, de los movimientos de mujeres y de los grupos indígenas que jaquearon y jaquean constantemente la realidad conocida. En la Argentina, además de la visibilización de estas presencias, existentes de antaño y omitidas por las lecturas del pensamiento hegemónico, se sumaron las novedades de las asambleas barriales, de las fábricas recuperadas asociadas con los organismos de derechos humanos, así como la expansión de los agrupamientos piqueteros y de trabajadores desocupados. Todos estos surgimientos indican el incremento de la capacidad reflexiva y autonutriente de estas presencias paulatinamente organizadas.

Procuré tantear los horizontes que, invisibles, acompañan a las familias mientras ellas se construyen acumulando experiencias, necesidades y proyectos. Los horizontes, como fronteras entre lo deseado y lo posible, siempre están presentes, aunque sólo existen para quienes los convocan con la mirada o la metáfora. En este libro, la mirada que surge de una disciplina psicológica y de una época atropelladora y cambiante será inevitable y venturosamente subjetiva.

Diferentes de los horizontes invisibles, las cronologías que constituyen un referente metodológicamente obligado ordenan los hechos, hilvanando un recorrido que no garantiza la certeza acerca de cómo transcurrieron las historias de quienes se conglomeraron en las organizaciones familiares. El tiempo cronológico, estricto, material, políticamente correcto en todas las épocas, debe detenerse para que resulte posible atrapar el segmento ordenador que permita interpretar las historias. 

Tal como lo escribió Shakespeare: “El pensamiento, siervo de la vida, y la vida, juguete del tiempo, y el tiempo, que rige el mundo entero, deben detenerse”.
El pensamiento, la vida y el tiempo deben detenerse, coagulados en documentos y testimonios que nos conduzcan a recrear lo que se tornó antiguo y memorioso. A partir de estas pausas, compaginamos nuestros horizontes con los relatos de aquellos que construyeron sus vidas, sus pensamientos y la dimensión relativa de su tiempo, mientras preparaban, sin saberlo, su relación con nosotros, “sobre el borde de estar-en-común”.

Eva Giberti
(Fragmento de su libro "La familia, a pesar de todo")
Foto: Eva Giberti.



29 de junio de 2013


"Es que la carne de vaca asada a las brasas, el "asado", es no únicamente el alimento de base de los argentinos, sino el núcleo de su mitología, e incluso de su mística. Un asado no es únicamente la carne que se come, sino también el lugar donde se la come, la ocasión, la ceremonia. Además de ser un rito de evocación del pasado, es una promesa de reencuentro y de comunión. Como reminiscencia del pasado patriarcal de la llanura, es un alimento cargado de connotaciones rurales y viriles, y en general son hombres los que lo preparan. Además de ciertas partes carnosas de la vaca, prácticamente todas las vísceras son aptas para la parrilla: intestinos, riñones, mollejas, corazón, ubres de la vaca y testículos del toro. 

El asado se cocina a fuego lento y puede llevar horas, pero esa cocción demorada es menos una regla de oro gastronómica que un pretexto para prolongar los preliminares, es decir la conversación fogosa, las llegadas graduales de los invitados que, trayendo alguna botella de vino para colaborar, van cayendo a medida que sus ocupaciones se lo permiten, incorporándose a la charla animada, no sin pasar un momento por la parrilla para inspeccionar el fuego o cruzar un par de frases con el asador. Es falta de respeto dar consejos o mostrar aprensión sobre la autoridad del que esta asando, aunque cada uno de los presentes tiene su propia teoría sobre cómo deben hacerse las cosas. El asado reconcilia a los argentinos con sus orígenes y les da la ilusión de continuidad histórica y cultural.

Todas las comunidades extranjeras lo han adoptado, y todas las ocasiones son buenas para prepararlo. Cuando vienen los amigos del extranjero, cuando alguien obtiene algún triunfo profesional, cuando hace buen tiempo. Cuando los albañiles están haciendo una casa ponen el techo, atan una rama verde en el punto mas alto de la construcción y hacen un asado. A pesar de su carácter rudimentario, casi salvaje, el asado es rito y promesa, y su esencia mística se pone en evidencia porque le da a los hombres que se reúnen para prepararlo y comerlo en compañía, la ilusión de una coincidencia profunda con el lugar en el que viven. 

La crepitación de la leña, el olor de la carne que se asa en la templanza benévola de los patios, del campo, de las terrazas, no desencadenan por cierto ningún efluvio metafísico predestinado a esa tierra, pero si en cambio, repitiendo en un orden casi invariante una serie de sensaciones familiares, acuerdan esa impresión de permanencia y de continuidad sin la cual ninguna vida es posible. Al anochecer, se encienden los primeros fuegos. Un olor a leña, y después de carne asada es lo que sobresale cuando empieza a oscurecer en el campo, en las orillas del río, en los pueblos y en las ciudades. 

Repartido en muchos hogares, no siempre equitativos, el fuego único de Heráclito arde plácido o turbulento, iluminando y entibiando ese lugar, que, ni más ni menos prestigioso que cualquier otro, es, sin embargo, único también, a causa de unos azares llamados historia, geografía y civilización; el fuego arcaico y sin fin acompañado de voces humanas que resuenan a su alrededor y que van transformándose poco a poco en susurros hasta que por último, ya bien entrada la noche, inaudibles, se desvanecen.

Juan José Saer
(Fragmento de "El río sin orillas")
Foto: Costanera Norte




Chiquilín de Bachín

Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.

Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro ¡también!

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,
con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete
para irse ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño,
niño de mil años,
que por dentro le enreda el piolín.

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Astor Piazzolla - Horacio Ferrer

"Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejabán, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.
Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río

El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumbando el techo de mi casa. Pero después me volví a dormir, porque reconocí el sonido del río y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sueño.

Cuando me levanté, la mañana estaba llena de nublazones y parecía que había seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. Se olía, como se huele una quemazón, el olor a podrido del agua revuelta.

A la hora en que me fui a asomar, el río ya había perdido sus orillas. Iba subiendo poco a poco por la calle real, y estaba metiéndose a toda prisa en la casa de esa mujer que le dicen la Tambora. El chapaleo del agua se oía al entrar por el corral y al salir en grandes chorros por la puerta. La Tambora iba y venía caminando por lo que era ya un pedazo de río, echando a la calle sus gallinas para que se fueran a esconder a algún lugar donde no les llegara la corriente.

Y por el otro lado, por donde está el recodo, el río se debía de haber llevado, quién sabe desde cuándo, el tamarindo que estaba en el solar de mi tía Jacinta, porque ahora ya no se ve ningún tamarindo. Era el único que había en el pueblo, y por eso nomás la gente se da cuenta de que la creciente esta que vemos es la más grande de todas las que ha bajado el río en muchos años.

Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace más espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. Allí nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Después nos subimos por la barranca, porque queríamos oír bien lo que decía la gente, pues abajo, junto al río, hay un gran ruidazal y sólo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada. Por eso nos subimos por la barranca, donde también hay gente mirando el río y contando los perjuicios que ha hecho. Allí fue donde supimos que el río se había llevado a la Serpentina, la vaca esa que era de mi hermana Tacha porque mi papá se la regaló para el día de su cumpleaños y que tenía una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos.

No acabo de saber por qué se le ocurriría a la Serpentina pasar el río este, cuando sabía que no era el mismo río que ella conocía de a diario. La Serpentina nunca fue tan atarantada. Lo más seguro es que ha de haber venido dormida para dejarse matar así nomás por nomás. A mí muchas veces me tocó despertarla cuando le abría la puerta del corral porque si no, de su cuenta, allí se hubiera estado el día entero con los ojos cerrados, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen.

Y aquí ha de haber sucedido eso de que se durmió. Tal vez se le ocurrió despertar al sentir que el agua pesada le golpeaba las costillas. Tal vez entonces se asustó y trató de regresar; pero al volverse se encontró entreverada y acalambrada entre aquella agua negra y dura como tierra corrediza. Tal vez bramó pidiendo que le ayudaran. Bramó como sólo Dios sabe cómo.

Yo le pregunté a un señor que vio cuando la arrastraba el río si no había visto también al becerrito que andaba con ella. Pero el hombre dijo que no sabía si lo había visto. Sólo dijo que la vaca manchada pasó patas arriba muy cerquita de donde él estaba y que allí dio una voltereta y luego no volvió a ver ni los cuernos ni las patas ni ninguna señal de vaca. Por el río rodaban muchos troncos de árboles con todo y raíces y él estaba muy ocupado en sacar leña, de modo que no podía fijarse si eran animales o troncos los que arrastraba.

Nomás por eso, no sabemos si el becerro está vivo, o si se fue detrás de su madre río abajo. Si así fue, que Dios los ampare a los dos."

Juan Rulfo
(Fragmento del Cuento "Es que somos muy pobres")



28 de junio de 2013



Soneto del amor desesperado

Mátame, espléndido y sombrío amor,
si ves perderse en mi alma la esperanza;
si el grito de dolor en mí se cansa
como muere en mis manos esta flor.

En el abismo de mi corazón
hallaste espacio digno de tu anhelo,
en vano me alejaste de tu cielo
dejando en llamas mi desolación.

Contempla la miseria, la riqueza
de quien conoce toda tu alegría.
Contempla mi narcótica tristeza.

¡Oh tú, que me entregaste la armonía!
Desesperando creo en tu promesa.
Amor, contémplame, en tus brazos, presa.

Silvina Ocampo
"(...) El mal del siglo, la religión, nos ha destrozado el entendimiento en el misterio de nuestra subconsciencia. Necesitamos una religión para salvarnos de esa catástrofe que ha caído sobre nuestras cabezas. Me dirá usted que yo no le digo nada nuevo. De acuerdo; pero acuérdese que en la tierra lo único que puede cambiar es el estilo, la costumbre, la substancia es la misma. Si usted creyera en Dios no habría pasado esa vida endemoniada, si yo creyera en Dios no estaría escuchando su propuesta de asesinar a un prójimo. Y lo más terrible es que para nosotros ha pasado ya el tiempo de adquirir una creencia, una fe. Si fuéramos a verlo a un sacerdote, éste no entendería nuestros problemas y sólo acertará a recomendarnos que recitáramos un Padre Nuestro y que nos confesáramos todas las semanas.

-Y uno se pregunta qué es lo que debe hacerse...

-Ahí está. Lo que debe hacerse. En otras épocas para nosotros hubiera quedado el refugio de un convento o de un viaje a tierras desconocidas y maravillosas. Hoy usted puede tomar un sorbete a la mañana en la Patagonia y comer bananas a la tarde en el Brasil. ¿Qué es lo que debe hacerse? Yo leo mucho, y créame, en todos los libros europeos encuentro este fondo de amargura y de angustia (...). Vea Estados Unidos. Las artistas se hacen colocar ovarios de platino y hay asesinos que tratan de batir el récord de crímenes horrorosos. Usted que ha caminado lo sabe. Casas, más casas, rostros distintos y corazones iguales. La humanidad ha perdido sus fiestas y sus alegrías.
¡Tan infelices son los hombres que hasta a Dios lo han perdido! Y un motor de 300 caballos sólo consigue distraerlos cuando lo pilotea un  loco que se puede hacer pedazos en una cuneta. El hombre es una bestia triste a quien sólo los prodigios conseguirán emocionar. O las carnicerías Pues bien, nosotros con nuestra sociedad les daremos prodigios, pestes de cólera asiático, mitos, descubrimientos de yacimientos de oro o minas de diamantes. Yo lo he observado conversando con usted. Sólo se anima cuando lo prodigioso interviene en nuestra conversación. Y así les pasa a todos los hombres, canallas o santos." 

Roberto Arlt
(Fragmento de "Los Siete Locos")
Foto: Alfredo Alcón, Héctor Alterio. Filmación de "Los Siete Locos" 



Nuestro homenaje a Julio Cortázar a 50 años de la publicación de "Rayuela"


«Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos.

Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta que tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.

Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico de Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname.

Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes sobre la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fijate. Pero fijate bien, porque no es gratuito. ¿Por qué stop? Por miedo a empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de las palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas.

De la palabra a los actos, che; en general, sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto."

Julio Cortázar
(Fragmento de "Rayuela")







Alto Jornal

Dichoso el que un buen día sale humilde
y se va por la calle, como tantos
días más de su vida, y no lo espera
y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto
y ve, pone el oído al mundo y oye,
anda, y siente subirle entre los pasos
el amor de la tierra, y sigue, y abre
su taller verdadero, y en sus manos
brilla limpio su oficio, y nos lo entrega
de corazón porque ama, y va al trabajo
temblando como un niño que comulga
mas sin caber en el pellejo, y cuando
se ha dado cuenta al fin de lo sencillo
que ha sido todo, ya el jornal ganado,
vuelve a su casa alegre y siente que alguien
empuña su aldabón, y no es en vano.

Claudio Rodríguez
Foto: Ayacucho y Paraguay


27 de junio de 2013

XLIX

Que Dios nos libre de los comerciantes 
sólo buscan el lucro personal

que nos libre de Romeo y Julieta 
sólo buscan la dicha personal

líbrenos de poetas y prosistas 
que sólo buscan fama personal

líbrenos de los Héroes de Iquique 
líbrenos de los Padres de la Patria 
no queremos estatuas personales

si todavía tiene poder el Señor 
que nos libre de todos esos demonios
y que también nos libre de nosotros mismos 
en cada uno de nosotros hay
una alimaña que nos chupa la médula 
un comerciante ávido de lucro
un Romeo demente que sólo sueña con poseer a Julieta
un héroe teatral
en convivencia con su propia estatua

Dios nos libre de todos estos demonios
si todavía sigue siendo Dios

Nicanor Parra








Chau número tres

Te dejo con tu vida 
tu trabajo 
tu gente 
con tus puestas de sol 
y tus amaneceres 
sembrando tu confianza 
te dejo junto al mundo 
derrotando imposibles 
seguro sin seguro 
te dejo frente al mar 
descifrándote a solas 
sin mi pregunta a ciegas 
sin mi respuesta rota 
te dejo sin mis dudas 
pobres y malheridas 
sin mis inmadureces 
sin mi veteranía 
pero tampoco creas 
a pie juntillas todo 
no creas nunca creas 
este falso abandono 
estaré donde menos 
lo esperes 
por ejemplo 
en un árbol añoso 
de oscuros cabeceos 
estaré en un lejano 
horizonte sin horas 
en la huella del tacto 
en tu sombra y mi sombra 
estaré repartido 
en cuatro o cinco pibes 
de esos que vos mirás 
y enseguida te siguen 
y ojalá pueda estar 
de tu sueño en la red 
esperando tus ojos 
y mirándote. 

Mario Benedetti



26 de junio de 2013

Aniversario del nacimiento de Salvador Allende


"Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan sólo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre, y si pude soportar -porque cumplía una tarea- la derrota de ayer, hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza, acepto este triunfo que nada tiene de personal, y que se lo debo a la unidad de los partidos populares, a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros. 

Se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria, se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre.
Dije y debo repetirlo: si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria.

Pero yo sé que ustedes, que hicieron posible que el pueblo sea mañana gobierno, tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada joven de nuestra tierra."

Salvador Allende
(Fragmento del Discurso Pronunciado el 5 de Septiembre de 1970)






Danzón porteño

Una tarde, borracha de tus uvas
amarillas de muerte, Buenos Aires,
que alzas en sol de otoño en las laderas
enfriadas del Oeste, en los tramontos,

vi plegarse tu negro Puente Alsina
como un gran bandoneón y a tus compases
danzar tu tango entre haraposas luces
a las barcazas rotas del Riachuelo:

Sus venenosas aguas, vivoreando
hilos de sangre; y la hacinada cueva;
y los bloques de fábricas mohosas,

echando alientos, por las chimeneas,
de pechos devorados, machacaban
contorsionados su obsedido llanto.

Alfonsina Storni
Foto: Riachuelo en La Boca
Recordamos a Leopoldo Marechal a 43 años de su fallecimiento. 


Canción

¡Has de hacer un gran ramo
con todas tus palabras, hilandera!
Con las grandes palabras que llovieron
más redondas que frutas en un día sin hiel;
con tus grandes palabras
caídas como soles hasta el silencio mío...

Has de hacer un gran ramo con tus voces,
y estarán las pequeñas,
las que fueron semillas aventadas por tu cariño de cien manos;
y estarán las que ardieron como sal en la llama de tu júbilo, amiga.

Con todas tus palabras
has de hacer un gran ramo
para el amor que ha muerto;
para el amor que ha muerto a mediodía,
junto a la fuente de los ocho cisnes...

Leopoldo Marechal



25 de junio de 2013

"—¿Mario?

—¿Don Pablo?

—Voy a despedirme y a cerrar la puerta.

—Sí, don Pablo.

—Hasta mañana.

—Hasta mañana.

Neruda detuvo la mirada sobre el resto de las cartas, y luego entreabrió el portón. El cartero estudiaba las nubes con los brazos cruzados sobre el pecho. Vino hasta su lado y le picoteó el hombro con un dedo. Sin deshacer su postura, el muchacho se lo quedó mirando.
Volví a abrir, porque sospechaba que seguías aquí.

—Es que me quedé pensando.

Neruda apretó los dedos en el codo del cartero, y lo fue conduciendo con firmeza hacia el farol donde había estacionado la bicicleta.

—¿Y para pensar te quedas sentado? Si quieres ser poeta, comienza por pensar caminando. ¿O eres como John Wayne, que no podía caminar y mascar chiclets al mismo tiempo? Ahora te vas a la caleta por la playa y, mientras observas el movimiento del mar, puedes ir inventando metáforas.

—¡Deme un ejemplo!

—Mira este poema: «Aquí en la Isla, el mar, y cuánto mar. Se sale de sí mismo a cada rato. Dice que sí, que no, que no. Dice que sí, en azul, en espuma, en galope. Dice que no, que no. No puede estarse quieto. Me llamo mar, repite pegando en una piedra sin lograr convencerla. Entonces con siete lenguas verdes, de siete tigres verdes, de siete perros verdes, de siete mares verdes, la recorre, la besa, la humedece, y se golpea el pecho repitiendo su nombre». —Hizo una pausa satisfecho—. ¿Qué te parece?

—Raro.

—«Raro». ¡Qué crítico más severo que eres!

—No, don Pablo. Raro no lo es el poema. Raro es como yo me sentía cuando usted recitaba el poema.

—Querido Mario, a ver si te desenredas un poco, porque no puedo pasar toda la mañana disfrutando de tu charla.

—¿Cómo se lo explicara? Cuando usted decía el poema, las palabras iban de acá pa'llá.

—¡Como el mar, pues!

—Sí, pues, se movían igual que el mar.

—Eso es el ritmo.

—Y me sentí raro, porque con tanto movimiento me marié.

—Te mareaste.

—¡Claro! Yo iba como un barco temblando en sus palabras.
Los párpados del poeta se despegaron lentamente.

—«Como un barco temblando en mis palabras».

—¡Claro!

—¿Sabes lo que has hecho, Mario?

—¿Qué?

—Una metáfora."

Antonio Skármeta
(Fragmento de "El cartero de Neruda")
Foto: Pablo Neruda, Antonio Skármeta y Juan Rulfo. 





" ¿Intentaría Chen levantar el mosquitero? ¿Golpearía a través de él? La angustia le retorcía el estómago. Conocía su propia firmeza, pero sólo era capaz, en aquel instante, de pensarlo con el embrutecimiento, fascinado por aquel montón de muselina blanca que caía desde el techo sobre un cuerpo menos visible que una sombra y de donde emergía sólo aquel pie medio inclinado por el sueño, vivo, no obstante, de la carne del hombre. 

La única luz procedía del building vecino; un gran rectángulo pálido de electricidad, cortado por los barrotes de la ventana, uno de los cuales rayaba el lecho precisamente por debajo del pie, como para acentuarle el volumen y la vida. Cuatro o cinco claxons sonaron a la vez. ¿Descubierto? ¡Combatir, combatir con enemigos que se defienden, con enemigos despiertos, qué liberación! 

La ola de estruendo decreció: algún estrépito de carruajes -todavía había estrépito de carruajes allá, en el mundo de los hombres...-. Volvió a verse frente a la gran mancha blanca de la muselina y del rectángulo de luz, inmóviles en aquella noche en que el tiempo había dejado de existir. 

Se repetía que aquel hombre debía morir. Tontamente, porque él sabía que lo mataría, capturado o no, ejecutado o no, poco importaba. Sólo existía aquel pie, aquel hombre al que debía herir sin que se defendiese, porque, si llegara a defenderse, llamaría. "

André Malraux
(Fragmento de "La condición humana")





"Por ósmosis, por lentos reflujos, a través de inconcebibles síntesis, ocurre que de tanto anónimo trajinar asoma la excepción, el individuo que de alguna manera crea esa ciudad que lo creó, la modela otra vez exigentemente, la arranca al hábito y a la conformidad. Inmóvil en sus cimientos, Buenos Aires es una ola que se repite al infinito, siempre la misma para el indiferente y cada vez otra para el que mira su cresta, la curva de su lomo, su manera de alzarse y de romper. 

Durante mucho tiempo Buenos Aires propuso una visión horizontal, la proximidad tranquilizadora de sus paredes y sus ventanas. Vivir, entonces, era caminar hacia el prójimo, salirle al encuentro a nivel de tranvía, de primer piso, de confitería con balcón. Hoy ya no quiere, encaramada en sus rascacielos ha desnudado el río de un tirón de sábana, nos regala sus incontables automóviles como un montón de zapatos alienados. "

Julio Cortazar
Foto: Avenida General Paz

24 de junio de 2013



OTOÑO

El viento despierta,
barre los pensamientos de mi frente
y me suspende
en la luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!
Otoño: entre tus manos frías
el mundo llamea.

Octavio Paz








Recordamos al 'Zorzal Criollo' a 78 años de su fallecimiento.


El día que me quieras

Acaricia mi ensueño
el suave murmullo de tu suspirar,
¡como ríe la vida
si tus ojos negros me quieren mirar!
Y si es mío el amparo
de tu risa leve que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
¡todo, todo se olvida..!

El día que me quieras
la rosas que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Al viento las campanas
dirán que ya eres mía
y locas las fontanas
me contarán tu amor.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá...¡que eres mi consuelo..!

Recitado:
El día que me quieras
no habrá más que armonías,
será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodías
y nos darán las fuentes
su canto de cristal.
El día que me quieras
endulzará sus cuerdas
el pájaro cantor,
florecerá la vida,
no existirá el dolor...

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá... ¡que eres mi consuelo!

Carlos Gardel
Alfredo Le Pera



Recordamos a Ernesto Sábato en un nuevo aniversario de su nacimiento. 


"Alejandra" 
(Tango)

He vuelto a aquel banco del Parque Lezama.
Lo mismo que entonces se oye en la noche
la sorda sirena de un barco lejano.
Mis ojos nublados te buscan en vano.

Después de diez años, he vuelto a tí solo,
soñando aquel tiempo, oyendo aquel barco,
el tiempo y la lluvia, el viento y la muerte:
ya todos llevaron, ya nada dejaron ...

Entre soledades y hondos dolores
en vagas regiones de negros malvones
estás, Alejandra, por cuáles caminos,
con grave tristeza, oh muerta princesa!

He vuelto a aquel banco del Parque Lezama.
Lo mismo que entonces se oye en la noche
la sorda sirena de un barco lejano.
Mis ojos nublados te buscan en vano.

Ahora tan solo la bruma de otoño.
Un viejo que duerme... las hojas caídas...
El tiempo y la lluvia, el viento y la muerte:
Ya todos llevaron, ya nada dejaron ...

Letra: Ernesto Sabato
Música: Aníbal Troilo



23 de junio de 2013



Pedacito de Cielo
Vals

La casa tenía una reja
Pintada con quejas y cantos de amor.
La noche llenaba de ojeras
La reja, la hiedra y el viejo balcón.

Recuerdo que entonces reías
Si yo te leía mi verso mejor.
Y ahora, capricho del tiempo,
Leyendo esos versos lloramos los dos.

Los años de la infancia pasaron, pasaron.
La reja está dormida de tanto silencio.
Y en aquel pedacito de cielo
Se quedó tu alegría y mi amor.
Los años han pasado, terribles, malvados,
Dejando una esperanza que no ha de llegar.
Y recuerdo tu gesto travieso
Después de aquel beso robado al azar.

Tal vez se enfrió con la brisa
Tu cálida risa, tu límpida voz,
Tal vez, se escapó a tus ojeras
La reja, la hiedra y el viejo balcón.

Tus ojos de azúcar quemada
Tenían distancias doradas al sol,
Y hoy quieres hallar como entonces

La reja de bronce temblando de amor.

Homero Expósito
Mancini-Stamponi