29 de abril de 2014






La Soledad

La soledad no es no poder decirla
por no poder circundarla
por no poder darle un nombre
por no poder hacerla sinónimo de un paisaje.
la soledad es esta melodía rota de mis frases.

Alejandra Pizarnik





23 de abril de 2014



ESO

Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.

Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.


Idea Vilariño






21 de abril de 2014







Ultimo sol en Villa Ortúzar

Tarde como de Juicio Final.
La calle es como una herida abierta en el cielo.
Yo no sé si fue un Ángel o un ocaso la claridad que ardió en la hondura.
Insistente, como una pesadilla, carga sobre mí la distancia. Al horizonte un alambrado le duele.
El mundo está como inservible y tirado.
En el cielo es de día, pero la noche es traicionera en las zanjas.
Toda la luz está en las tapias azules y en ese alboroto de chicas.
Ya no sé si es un árbol o es un dios, ese que asoma por la verja herrumbrada.
Cuántos países a la vez: el campo, el cielos, las afueras. Hoy he sido rico de calles y de ocaso filoso y de la tarde hecha estupor.
Lejos, me devolveré a mi pobreza. 

Jorge Luis Borges





17 de abril de 2014






HASTA SIEMPRE, GABO QUERIDO! 


"-¿Quieres quedarte sola?-preguntó.

-Si lo quisiera, no te hubiera dicho que entraras-dijo ella.

Entonces, él extendió los dedos helados en la obscuridad, buscó a tientas la otra mano, y la encontró esperándolo. Ambos fueron bastante lúcidos para darse cuenta, en un mismo instante fugaz, de que ninguna de las dos era la mano que habían imaginado antes de tocarse, sino dos manos de huesos viejos. Pero en el instante siguiente ya lo eran. Ella empezó a hablar del esposo muerto, en tiempo presente, como si estuviera vivo, y Florentino Ariza supo en ese momento que también a ella le había llegado la hora de preguntarse con dignidad, con grandeza, con unos deseos incontenibles de vivir, qué hacer con el amor que se le había quedado sin dueño.

Fermina Daza dejó de fumar por no soltar la mano que él mantenía en la suya. Estaba perdida en la ansiedad de entender. No podía concebir un marido mejor que el que había sido suyo, y sin embargo encontraba más tropiezos que complacencias en la evocación de su vida, demasiadas incomprensiones recíprocas, pleitos inútiles, rencores mal resueltos. Suspiró de pronto:”es increíble cómo se puede ser tan feliz durante tantos años, en medio de tantas peloteras, de tantas vainas, carajo, sin saber en realidad si eso es amor o no.”Cuando terminó de desahogarse, alguien había apagado la luna. El buque avanzaba con sus pasos contados, poniendo un pie antes de poner otro: un inmenso animal de acecho. Fermina Daza había regresado de la ansiedad.

-Vete ahora-dijo.

Florentino Ariza le apretó la mano, se inclinó hacia ella y trató de besarla en la mejilla. Pero ella lo esquivó con su voz ronca y suave.

-Ya no-le dijo-huelo a vieja.”


Gabriel García Márquez

(Fragmento de “El amor en los tiempos del cólera”)









16 de abril de 2014




" Quiere recordar algún momento fundamental de su vida en que Antola no estuviera presente. En las muertes como en las bodas, revive segura de su poder, sedienta por humillarlos, imponente en su fealdad, sin edad, sin formas, con el mismo cabello blanco sobre las sienes que peinaba el día que murió su madre. Sabedora de todos los secretos; delgados los muros para su oído de enferma, insolente y justa, fiel e imprescindible en sus vidas, desaparece en las terrazas y buhardillas —junto a los murciélagos y los ratones—, para reaparecer victoriosa en los momentos decisivos de los Pradere.
—Pensé que también te habías ido. 
—¿Adónde…? No tengo dónde ir. 
—Hacía mucho que no te veía. 
—Andás demasiado ocupada. 
—¿No se quedó nadie, ni siquiera las mucamas de arriba? ¿Adónde van? 
—Todas tienen alguna pocilga que les gusta más que esta casa. 
—¿Por qué me hablás así? —Sofía, sin saber muy bien a quién dirige la pregunta, y sin importarle demasiado la respuesta, ruega—: ¿Te parece que habrá algo de comer? Estos son días de foie-gras y galletitas inglesas. 
—No te quejés; en la alacena les he dejado algo: conformate con eso. "

Beatriz Guido 
(El incendio y las vísperas)







14 de abril de 2014






MANO BLANCA

Dónde vas carrerito del este

castigando tu yunta de ruanos,
y mostrando en la chata celeste
las dos iniciales pintadas a mano.



Reluciendo la estrella de bronce
claveteada en la suela de cuero,
dónde vas carrerito del Once,
cruzando ligero las calles del Sur.



¡Porteñito!... ¡Manoblanca!...
Vamos ¡fuerza, que viene barranca!
¡Manoblanca!... ¡Porteñito!
¡Fuerza! ¡vamos, que falta un poquito!



¡Bueno! ¡bueno!... ¡Ya salimos!...
Ahora sigan parejo otra vez,
que esta noche me esperan sus ojos
en la Avenida Centenera y Tabaré.



Dónde vas carrerito porteño
con tu chata flamante y coqueta,
con los ojos cerrados de sueño
y un gajo de ruda detrás de la oreja.



El orgullo de ser bien querido
se adivina en tu estrella de bronce,
carrerito del barrio del Once
que vuelves trotando para el corralón.



¡Bueno! ¡bueno!... ¡Ya salimos!...
Ahora sigan parejo otra vez
mientras sueño en los ojos aquellos
de la Avenida Centenera y Tabaré.


Homero Manzi









11 de abril de 2014






GRACIAS POR TANTO, ALFREDO!

"Termino de hacer una obra y el texto se me borra como si nunca lo hubiera sabido - aclara-. Además, las grandes obras nunca las hacés bien, son como ejercicios de actuación. Uno sabe que haciendo eso, metiéndose en esa estructura, crece. Recuerdo que una vez Milagros de la Vega, siendo ya muy mayor, me dijo respecto a un gran texto que había hecho: «Si pudiera hacerlo de vuelta, lo haría mejor». Y lo dijo con una alegría, como si tuviera 15 años."

"Todas las grandes obras hablan siempre de la esencia del hombre. No sé en qué época el mundo no estuvo en crisis. ¿Te acordás de alguna época en la que hubo paz entre los hombres, comprensión, que los bandos distintos se respetaran? No te digo que ames a tu enemigo, pero sí respetá su pensamiento y si lo vas a atacar, hacelo con la manera más inteligente. Pero cuando usas el tuteo interior, la chicana, ¿dónde está el pensamiento?, ¿dónde está el hombre?"

ALFREDO ALCON
(Fragmento de la última entrevista al Diario La Nación)





9 de abril de 2014







"El miedo siempre permanece. Un hombre puede matar lo que hay en su interior: el amor, el odio, sus creencias, incluso sus dudas. Pero mientras se aferre a la vida, no podrá destruir el miedo; el miedo sutil, indestructible, terrible, que invade su ser, que tiñe sus pensamientos, que acecha en su corazón, que vigila en sus labios la lucha por el último aliento."

Joseph Conrad 








7 de abril de 2014







RECORDAMOS A VICTORIA OCAMPO EN UN NUEVO ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO.

"A mí me hubiera aliviado hablar en
tercera persona de mí misma
no sólo por las ventajas que ofrece (especialmente si uno habla de
sí mismo en esa tercera-primera-persona
que son tan a menudo las novelas y cuentos),sino porque me
siento, por momentos, tan lejos de cierto
mí misma como lo puedo estar
del pelo que me han cortado
y barren en la peluquería, o de
la uña que me limo y vuela
al aire hecha polvo.
Yo no soy "aquello", lo perecedero
que formó parte de mí y ya nada tiene que ver
conmigo. Soy lo otro. Pero ¿Qué?."

Victoria Ocampo








5 de abril de 2014






“Creo que es una atracción fatal, genética. Primero tengo una formación muy campesina y toda mi imaginería viene un poco de esos años entre los 10 y los 13 o 14, o antes quizás, cuando vivía bien en el campo y, si no vivía, pasaba con mis abuelos los tres meses de las vacaciones. Mis abuelos, que eran sicilianos e hijos de campesinos plantadores de naranjas, tenían una chacra en Tupungato, un rancho que ellos mismos hicieron con paja y barro. Ese es el origen y yo tengo muchos dibujos que provienen de esos terrores infantiles que son muy distintos a los urbanos, tienen otras connotaciones. Los aparecidos, la luz mala, los santones; había toda una imaginería que me tocó mucho y me produjo terrores infantiles. Después, cuando empecé a dibujar recuerdo esa tendencia muy natural a elegir esos momentos medios rotos, trizados, viscerales, momentos que no eran los académicos” 
 “En cuanto a aquellas escenas de la infancia, para un niño no eran algo tan espantoso; despertaban, más bien, una enorme curiosidad. Ahora soy abuelo por  y veo a mi nieto, que descubre una flor y es como una fiesta; no habla, pero el rostro, los brazos y su expresión reflejan que vio algo asombroso. O cuando le mostramos la luna llena por primera vez. Me miraba como diciendo: “¡Pero te das cuenta, lo que es esto!”. Esa escena lo marcará, o al menos empezará a ser suya, a ser parte de él. Si busco en mi propia raíz, siempre pensé que la injusticia es uno de los motores que me producen necesidad de respuesta. Eso, que no pertenece al plano específico de la pintura, siempre me provocó reacciones que determinaron mi espacio y mi camino”.


CARLOS ALONSO

(Extraído de la nota: "Carlos Alonso, pintor con manos de pueblo"
Fuente: Jornada On Line.








3 de abril de 2014



LA PLAZA SAN MARTIN

En busca de la tarde
fui apurando en vano las calles.
Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra.
Con fino bruñimiento de caoba
la tarde entera se había remansado en la plaza,
serena y sazonada,
bienhechora y sutil como una lámpara,
clara como una frente,
grave como un ademán de hombre enlutado.

Todo sentir se aquieta
bajo la absolución de los árboles
—jacarandás, acacias—
cuyas piadosas curvas
atenúan la rigidez de la imposible estatua
y en cuya red se exalta
la gloria de las luces equidistantes
del leve azul y de la tierra rojiza.

¡Qué bien se ve la tarde
desde el fácil sosiego de los bancos!
Abajo
el puerto anhela latitudes lejanas
y la honda plaza igualadora de almas
se abre como la muerte, como el sueño. 

Jorge Luis Borges








2 de abril de 2014




                     HOMENAJEAMOS A OCTAVIO PAZ A 100 AÑOS DE SU NACIMIENTO



SONETOS - III


Del verdecido júbilo del cielo
luces recobras que la luna pierde
porque la luz de sí misma recuerde
relámpagos y otoños en tu pelo.

El viento bebe viento en su revuelo,
mueve las hojas y su lluvia verde
moja tus hombros, tus espaldas muerde
y te desnuda y quema y vuelve yelo.

Dos barcos de velamen desplegado
tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
Tu vientre es un jardín petrificado.

Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
Bajo el verde cielo adolescente,
tu cuerpo da su enamorada suma.

Octavio Paz