30 de mayo de 2014



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Recordamos a Juan Carlos Onetti en un nuevo aniversario de su fallecimiento. 


"El amor es algo demasiado maravilloso para que uno pueda andar preocupándose por el destino de dos personas que no hicieron más que tenerlo, de manera inexplicable. Lo que pudiera suceder con don Eladio Linacero y doña Cecilia Huerta de Linacero no me interesa. Basta escribir los nombres para sentir lo ridículo de todo esto. Se trataba del amor y esto ya estaba terminado, no había primera ni segunda instancia, era un muerto antiguo. Qué más da el resto. Pero en el sumario hay algo que no puedo olvidar. No trato de justificarme; pueden escribir lo que quieran las ratas del juzgado. Toda la culpa es mía: no me interesa ganar dinero ni tener una casa confortable, con radio, heladera, vajilla y un watercló impecable. El trabajo me parece una estupidez odiosa a la que es difícil escapar. La poca gente que conozco es indigna de que el sol le toque en la cara. Allá ellos, todo el mundo y doña Cecilia Huerta de Linacero.
          Pero en el sumario se cuenta que una noche desperté a Cecilia, “la obligué a vestirse con amenazas y la llevé hasta la intersección de la rambla y la calle Eduardo Acevedo”. Allí, “me dediqué a actos propios de un anormal, obligándola a alejarse y venir caminando hasta donde estaba yo, varias veces, y a repetir frases sin sentido”. Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene."

Juan Carlos Onetti

(Fragmento de su cuento: “El pozo”)






28 de mayo de 2014




A un semejante

Vení... charlemos, sentate un poco.
La humanidad se viene encima.
Ya no podemos, hermano loco
buscar a Dios por las esquinas...
Se lo llevaron, lo secuestraron
y ¡nadie paga su rescate!
Vení que afuera está el turbión,
de tanta gente sin piedad
de tanto ser sin corazón.

Si a vos te duele como a mí...
La lluvia en el jardín y en una rosa.
Si te dan ganas de llorar,
a fuerza de vibrar, por cualquier cosa.
Decí qué hacemos vos y yo
qué cosa vos y yo sobre este mundo.
¡Buscando amor en un desierto
tan estéril y tan muerto
que no crece ya la flor!

Vení... charlemos, sentate un poco.
¡No ves que sos mi semejante!
A ver probemos, hermano loco
salvar el alma cuanto antes.
Es un asombro, tener tu hombro
y es un milagro la ternura...
¡Sentir tu mano fraternal!
Saber que siempre para vos...
¡El bien es bien y el mal es mal!

Eladia Blázquez






26 de mayo de 2014







 "Quiero dar mi consejo a los denigrados del cuerpo: No deben cambiar de método de enseñanza, sino únicamente despedirse de su propio cuerpo..., y así hacerse mudos. El niño se expresa así: «Yo soy cuerpo y alma». ¿Y por qué no expresarse como los niños? Quien está despierto y consciente exclama: Todo yo soy cuerpo y ninguna otra cosa.
 El alma solo es una palabra para una partícula del cuerpo. El cuerpo es un gran sistema de razón, una multiplicidad con una sola dirección, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor. Instrumento de tu cuerpo: tal es también tu pequeña razón, que tú denominas espíritu, hermano mío, pequeño instrumento y pequeño juguete de la gran razón. Dices «yo» y te sientes orgulloso de esta palabra. Pero, aunque no quieras creerlo, lo que es mucho más grande es tu cuerpo y su gran sistema de razón: él no dice «yo», pero él es yo."

Friedrich Nietzsche.
(Así habló Zaratustra)










23 de mayo de 2014




Carta de Osvaldo Soriano a Eduardo Galeano

Querido Eduardo:

Te cuento que el otro día estuve en el supermercado "Carrefour", donde antes estaba la cancha de San Lorenzo. Fui con José Sanfilippo, el héroe de mi infancia, que fue goleador de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas. Caminamos entre las góndolas, rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos. De pronto, mientras nos acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice: "Pensar que acá se la clavé de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca". Se cruza delante de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice: "Fue el gol más rápido de la historia".

Concentrado, como esperando un córner, me cuenta: "Le dije al cinco, que debutaba: no bien empiece el partido, me mandás un pelotazo al área. No te calentés que no te voy a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevila se llamaba, se asustó, pensó: a ver si no cumplo". Y ahí nomás Sanfilippo me señala la fila de frascos de mayonesa y grita: "¡Acá la puso!". La gente nos mira, azorada. "La pelota me cayó atrás de los centrales, atropellé pero se me fue un poco hasta ahí, donde está el arroz, ¿ve?" -me señala el estante de abajo, y de golpe como un conejo a pesar del traje azul y los zapatos lustrados-: "La dejé picar y ¡plum!". Tira el zurdazo. Todos nos damos vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos años, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde están las pilas para radio y las hojitas de afeitar.

Sanfilippo levanta los brazos para festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir. Casi me pongo a llorar. El Nene Sanfilippo había hecho de nuevo aquel gol de 1962, nada más que para que yo pudiera verlo.

Osvaldo Soriano





19 de mayo de 2014



POSTRIMERÍAS
(cuento)

Cuando entró en el edificio, buscó las escaleras, para subir. Encontrarlas era difícil. Preguntaba por ellas, y algunos le contestaban: “No hay.” Otros le daban la espalda. Acababa siempre por encontrarlas y por subir otro piso. La circunstancia de que muchas veces las escaleras fueran endebles, arduas y estrechas, aumentaba su fe. En un piso había una ciudad, con plazas y calles bien trazadas. Nevaba, caía la noche. Algunas casas -eran todas de tamaño reducido- estaban iluminadas vivamen­te. Por las ventanas veía a hombres y mujeres de dos pies de estatura. 

No podía quedarse entre esos enanos. Descubrió una amplia escalinata de piedra, que lo llevó a otro piso. Éste era un antecomedor, donde mozos, con chaqueta blanca y modales pésimos, limpiaban juegos de té. Sin volverse, le dijeron que había más pisos y que podía subir. Llegó a una terraza con vastos parques crepusculares, hermosos, pero un poco tristes. Una mujer, con vestido de terciopelo rojo, lo miró espantada y huyó por el enorme paisaje, meciéndose la cabellera, gimiendo. Él entendió que cuantos vivían allí estaban locos. Pudo subir otro piso. En una arquitectura propia del interior de un buque, en la que abundaban maderas y hierros pintados de blanco, halló una escalera de caracol. 

Subió por ella a un altillo donde estaban los peroles que daban el agua caliente a los pisos de abajo. Dijo: “Sobre el fuego está el cielo” y, seguro de su destino, se agarró de un caño, para subir más. El caño se dobló; hubo un escape de vapor, que le rozó el brazo. Esto lo disuadió de seguir subiendo. Pensó: “En el cielo me quemaré.” Se preguntó a cuál de los horribles pisos inferiores debería descender. En todos él se había sentido fuera de lugar. Esto no probaba que no fuese la morada que le correspondía, porque justamente el infierno es un sitio donde uno se cree fuera de lugar.

Adolfo Bioy Casares
Guirnalda con amores (1959)








16 de mayo de 2014






Recordamos a Juan Rulfo en un nuevo aniversario de su nacimiento. 


(Carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio)
(Juan Rulfo conoció a Clara Aparico en Guadalajara hacia 1941, cuando ella tenía trece años. Las cartas formaron parte de su relación tempranamente, e incluso se puede decir que en los primeros años ésta fue fundamentalmente de carácter epistolar. Cuando apenas se conocen, pero ya Rulfo le ha declarado sus intenciones de casarse con ella, él debe viajar a la capital del país para acompañar a un tío. A través de las cartas el noviazgo se va haciendo una realidad hasta que se casan el 24 de abril de 1948. Son textos llenos de amor, de esperanza, de ilusión, de vida. Cartas tiernas, dulces y entregadas que sedujeron a Clara. Misivas personalísimas algunas de las cuales constituyen verdaderos poemas juveniles, que enseñan el alma y la intimidad de la etapa crucial de la breve obra de Juan Rulfo, quien las comenzó con 27 años sintiéndose huérfano y las terminó casado, con dos hijos y el corazón lleno de esperanza. Todas ellas ayudan a comprender cómo se forjó un escritor que alcanzó la eternidad literaria con una novela corta en la que hablaban los muertos, Pedro Páramo, y con un libro de relatos, El Llano en llamas.)

"México, Enero 10 de 1945

Muchachita:

No puedo dejar pasar un día sin pensar en ti. Ayer soñé que tomaba tu carita entre mis manos y te besaba. Fue un dulce y suave sueño. Ayer también me acordé de que aquí habías nacido y bendije esta ciudad por eso, porque te había visto nacer. No sé lo que está pasando dentro de mí; pero a cada momento siento que hay algo grande y noble por lo que se puede luchar y vivir. Ese algo grande, para mí, lo eres tú. Esto lo he sabido desde hace mucho, más ahora que estoy lejos lo he ratificado y comprendido. Estuve leyendo hace rato a un tipo que se llama Walt Whitman y encontré una cosa que dice:

"El que camina un minuto sin amor, camina amortajado hacia su propio funeral."
Y esto me hizo recordar que yo siempre anduve paseando mi amor por todas partes, hasta que te encontré a ti y te lo di enteramente. 

Clara, mi madre murió hace 15 años; desde entonces, el único parecido que he encontrado con ella es Clara Aparicio, alguien a quien tú conoces, por lo cual vuelvo a suplicarte le digas me perdone si la quiero como la quiero y lo difícil que es para mí vivir sin ese cariño que ella tiene guardado en su corazón. Mi madre se llamaba María Vizcaíno y estaba llena de bondad, tanta que su corazón no resintió aquella carga y reventó. No, no es fácil querer mucho."

JUAN








14 de mayo de 2014




“Willy: Ya tengo un empleo.

Charley: ¿Sin sueldo? ¿Qué clase de empleo es un trabajo sin sueldo? (Se levanta.) Ya está bien, amigo, no soy ningún genio, pero cuando alguien se burla de mí lo veo.

Willy: ¿Que me burlo, dices?

Charley: ¿Por qué no quieres trabajar para mí?

Willy: Pero ¿qué te pasa? Ya tengo trabajo.

Charley: Entonces, ¿por qué vienes aquí cada semana?

Willy (levantándose): Muy bien, si no quieres que venga…

Charley: Te estoy ofreciendo un empleo.

Willy: ¡No quiero para nada tu puñetero empleo!"

“Biff: Me falta iniciativa, Willy, y a ti también. ¡No has sido más que un vendedor esforzado que ha acabado en el cubo de la basura, como todos ellos! ¡Soy un hombre que gana un dólar por hora, Willy! He probado suerte en siete estados y no he podido aumentar esa cifra. ¡Un dólar por hora! ¿Comprendes lo que quiero decir? ¡No voy a traer a casa ningún trofeo más, y tú vas a dejar de esperar que los traiga!”

Arthur Miller 
“La Muerte De Un Viajante.” 






12 de mayo de 2014





Nieblas del Riachuelo
(Tango)

Turbio fondeadero donde van a recalar
Barcos que en el muelle para siempre han de quedar
Sombras que se alargan en la noche del dolor
Náufragos del mundo que han perdido el corazón
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar
Barcos carboneros que jamás han de zarpar
Torvo cementerio de las naves que al morir
Sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir

¡Niebla del riachuelo!
Amarrado al recuerdo
Yo sigo esperando
¡Niebla del riachuelo!
De ese amor, para siempre
Me vas alejando
Nunca más volvió
Nunca más la vi
Nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí
Esa misma voz que dijo: "¡adiós!"

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín
Bebe tus nostalgias en el sordo cafetín
Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción
Llueve lentamente sobre tu desolación
Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar
Bordas de lanchones sin amarras que soltar

Triste caravana sin destino ni ilusión
Como un barco preso en la "botella del figón"


Enrique Cadícamo - Juan Carlos Cobián 







9 de mayo de 2014





"Me desperté y vi la luz del amanecer en las mirillas de la persiana. Salía de tan adentro de la noche que tuve como un vómito de mí mismo, el espanto de asomar a un nuevo día con su misma presentación, su indiferencia mecánica de cada vez: conciencia, sensación de luz, abrir los ojos, persiana, el alba. En ese segundo, con la omnisciencia del semisueño, medí el horror de lo que tanto maravilla y encanta a las religiones: la perfección eterna del cosmos, la revolución inacabable del globo sobre su eje. Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano. Antes de volver a dormirme imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma."

Julio Cortázar
(Fragmento de "Rayuela")








7 de mayo de 2014





BORRADOR DE TESTAMENTO


Me ocurres por amor, en Buenos Aires

precisamente y a la edad oscura
en que uno desconfía porque ha visto
garabatear pizarras a la muerte,
y acumula nociones de naufragio,
coraje en naftalina, días rotos,
dolor en pañuelitos y quién sabe.

Tómala, recupera entre tus párpados
tanta dura invención como mis ojos
quemaron, tanta oscuridad inútil,
y disuélvela con la luz que tienes
para que pueda yo por fin cubrirme
de tu salud, no conocer reparo
más que tu permanencia defendiéndome.

Ambulo entre manías y escaleras
y de pronto me ocupas, desbaratas
peligros, soledad, desasosiego,
promueves hábito de la alegría
y desanudas inocentemente
hilos de tal desorden compartido
que yo me empiezo y canto porque estás.

Pero si me acabara de improviso
te dejo inolvidable testimonio,
es decir, en el aire y en papeles,
nuestra privada suavidad, la ilesa
manera de integrarnos, eso es todo,
porque de veras ya no tengo nada
más que la intimidad que nos ocurre.



María Elena Walsh










5 de mayo de 2014




DECÁLOGO POSIBLE DEL DIRECTOR CINEMATOGRÁFICO

-Un director cinematográfico tiene que estar muy seguro de lo que quiere decir para permitirse el lujo de dudar de sus certezas.

-Tiene que tener un sólido y profundo conocimiento de las distintas técnicas de la realización cinematográfica para permitirse olvidarlas.

-Tiene que saber dar órdenes con ternura y ser profundamente tierno con autoridad. Tendrá el don de mandar sin hacerlo notar y sabrá esquivar las pautas sensoriales sin disminuir la consistencia de su mensaje.

-Sacrificará por su obra sus intereses y sus afectos, pero como la pérdida de éstos podrá debilitar su obra futura, sabrá reencontrarlos y preservarlos más allá del sacrificio.

-Su talento parecerá siempre mayor que su habilidad y su instinto será más fuerte que ambos.

-Con sus naturales cobardías tendrá que construir grandes hazañas y tendrá que disimular su valor para que no parezca pedantería.

-Abrirá siempre todas las puertas a los jóvenes para no respirar el aire enrarecido de la envidia y hará de sus conocimientos un pan compartido y cotidiano.

-Para perdurar, sus fracasos serán siempre éxitos y sus éxitos deberán ser respuesta a sus obsesiones y no a modas o demandas.

-Deberá abandonar el cine cuando descubra que el profesionalismo lo aleja de sus pesadillas y de sus vivencias, o de las pesadillas y las vivencias de los demás.

-Tendrá que saber escribir como los mejores escritores de su generación, y conocer al ser humano, al actor y a los técnicos como si fuera el confesor del siglo XVIII o el analista del siglo XX pero sin la limitación del preconcepto.

Leopoldo Torre Nilsson

Extraído del libro: "Torre Nilsson por Torre Nilsson"









3 de mayo de 2014





"Crecido entre pescadores, nunca sospechó el joven Mario Jiménez que en el correo de aquel día habría un anzuelo con que atraparía al poeta. No bien le había entregado el bulto, el poeta había discernido con precisión meridiana una carta que procedió a rasgar ante sus propios ojos.
–¿Por qué abre esa carta antes que las otras?
–Porque es de Suecia.
–¿Y qué tiene de especial Suecia, aparte de las suecas?
Aunque Pablo Neruda poseía un par de párpados inconmovibles, parpadeó.
–El Premio Nobel de Literatura, mijo.
–Se lo van a dar.
–Si me lo dan, no lo voy a rechazar.
–¿Y cuánta plata es?
El poeta, que ya había llegado al meollo de la misiva, dijo sin énfasis:
–Ciento cincuenta mil doscientos cincuenta dólares.
Mario, que presentía el fin del diálogo, se dejó consumir por una ausencia semejante a la de su predilecto y único cliente, pero tan radical que obligó al poeta a preguntarle:
–¿Qué te quedaste pensando?
–En lo que dirán las otras cartas. ¿Serán de amor?
El robusto vate tosió.
–¡Hombre, yo estoy casado! ¡Que no te oiga Matilde!
–Perdón, don Pablo.
–¿Qué te pasa?
–¿Don Pablo?
–Te quedas ahí parado como un poste.
Mario torció el cuello y buscó los ojos del poeta desde abajo:
–¿Clavado como una lanza?
–No, quieto como una torre de ajedrez.
–¿Más tranquilo que gato de porcelana?
Neruda soltó la manilla del portón, y se acarició la barbilla.
–Mario Jiménez, es indigno que me sometas a todo tipo de comparaciones y metáforas.
– ¿Don Pablo?
– ¡Metáforas, hombre!
– ¿Qué son esas cosas?
El poeta puso una mano sobre el hombro del muchacho.
–Para aclarártelo más o menos imprecisamente, son modos de decir una cosa comparándola con otra.
–Deme un ejemplo.
Neruda miró su reloj y suspiró.
–Bueno, cuando tú dices que el cielo está llorando. ¿Qué es lo que quieres decir?
–¡Qué fácil! Que está lloviendo, pu’.
–Bueno, eso es una metáfora.
–Y ¿por qué, si es una cosa tan fácil, se llama tan complicado?
–Porque los nombres no tienen nada que ver con la simplicidad o complicidad de las cosas. Según tu teoría, una cosa chica que vuela no debiera tener un nombre tan largo como mariposa. Piensa que elefante tiene la misma cantidad de letras que mariposa y es mucho más grande y no vuela –concluyó Neruda exhausto. Con un resto de ánimo, le indicó a Mario el rumbo hacia la caleta. Pero el cartero tuvo la prestancia de decir:
–¡P’tas que me gustaría ser poeta!
–¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guatones[1].
Neruda retomó la manilla de la puerta, y se disponía a entrar, cuando Mario, mirando el vuelo de un pájaro invisible, dijo:
–Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
–¿Y qué es lo que quieres decir?
–Bueno, ese es justamente el problema. Que como no soy poeta, no puedo decirlo."

Antonio Skármeta
(Fragmento de "El Cartero de Neruda")
Foto: Pabo Neruda en Isla Negra. 
(1) guatones: Panzones.









1 de mayo de 2014





CONTRA VIENTO Y MAREA

Contra viento y marea desafiemos la sombra a la luz de una idea 
Con el alma encendida hay que andar por la vida contra viento y marea 
Y aunque el mar sea adverso y estemos inmersos en aguas muy feas 
Continuemos el viaje que a nuestro coraje la fe lo acarrea... 
Contra viento y marea, cada sol se repite, cada día alborea 
Y florece a porfía, un jardín de poesía contra viento y marea
Si llevamos ardientes la estrella en la frente igual que una tea, 
Entre un bosque de pinos, se abrirá algún camino contra viento y marea. 

Contra viento y marea la sonrisa de un niño es la gran panacea, 
Y una mano tendida la ternura crecida contra viento y marea 
El amor tiene un duende que ríe, que enciende que crea y recrea 
Y aunque al diablo le pese retoña y florece y al mal lo voltea... 
Contra viento y marea hay montones de manos para hacer la tarea 
Y esas pilas de ganas de llegar a mañana contra viento y marea 
Lo que importa es la gente del sur y del norte de allá donde sea 
Y ganar la partida porque triunfe la vida contra viento y marea. 

Contra viento y marea propongamos sin miedo una gran asamblea 
Donde allí se proclame que la gente se ame contra viento y marea 
Desterrar la codicia tirar la injusticia desde una azotea 
Y colgar un letrero que diga te quiero y todos lo vean... 
Contra viento y marea avancemos con todo sin mancharnos con brea 
Si hace falta en la piedra plantaremos la hiedra contra viento y marea 
Esta fue la propuesta tal vez lo que resta y todos desean 
Es estar donde vibre la ansiedad de ser libres contra viento y marea 

Quiera Dios que así sea...Amén.


Eladia Blázquez