27 de enero de 2015






Mes de Homenajes
Hoy:  Victoria Ocampo



"Soñaba con ser una gran actriz, dedicarme al teatro por entero, trabajar en forma independiente de mi familia. Supongo que como todo adolescente.
Me gustaba callejear, pero cuando llegaba la noche y había programa de ir al teatro, ¡era la gloria!
Vivía cada palabra de las actrices y me veía sobre el escenario actuando.
Representé Perséphone de Strawinsky por primera vez en 1925/26. Me sentía una actriz. Quería que esa fuera mi profesión. Adoraba representar y me sentía feliz en el ambiente teatral, pero mi familia se oponía a todo, hasta que tuviera trato con gente de teatro. Era el gran drama de mi vida entonces.
Las reglas señalaban que una señorita no debía ni tratar con actrices. Sin embargo, cada día sentía mayor atracción por el teatro. En El Rey David de Honegger, con Ansermet, comprendí el concepto de realización artística. 
En 1936 traje a Strawinsky a Buenos Aires e hice de recitante en Perséphone en el Teatro Colón y más tarde en Río de Janeiro.
Finalmente, acepté que no sería actriz." 

Victoria Ocampo










22 de enero de 2015






Mes de Homenajes 
Hoy:  Aída Bortnik



Hagamos una lista

- "Muy buenos días, señoras y señores pasajeros!"
El cielo estaba gris, el vagón frío, éramos muchos y casi todos nos
hubiéramos reconocido si alguna vez nos hubiéramos mirado. Sin embargo,la voz del vendedor sí pareció despertar una especie de recuerdo....

- "Como ven, no traigo entre las manos nada para venderles ..." era casiirritante, porque el hombre hablaba con timidez abrumadora, y no resultabasencillo con él, como con otros, limitarse a esperar que terminara, previendosu discurso y sin mirarlo.

- Hace un tiempo empecé en esta tarea y aunque la mercadería que ofrezcome ha costado tan cara, que no quisiera vivir otra vida en la que me viera obligado a pagarla, la ofrezco sin precio fijo. El sistema es raro, pero la oferta tampoco es fácil de encontrar en los negocios y prefiero que las damas y caballeros presentes la adquieran sólo en el caso de que, como a mi, les parezca de uso indispensable, y pagando no lo que crean que vale sino lo que sientan que pueden. A lo mejor así, ustedes y yo podemos seguir manteniendo este sistema..."

Parecía fatigado y algunos de nosotros estábamos seguros de haberlo visto ya y de haber comprado algo que ofrecía. Ahora, todos lo escuchaban: los que seguían con los ojos cerrados, la señora del pañuelo en la cabeza, la de la nena en brazos, el viejito y el señor del portafolios, el muchacho sin saco, y la rubiecita aferrada a su novio.

Carraspeó y, como si lo recordara de pronto, cobrando ánimos, aplaudió el aire delante de su cara, a la manera de los magos antiguos:

- "Les ofrezco una idea. No está completa, no puedo afirmar que sea original,
no puedo asegurar que funcione de la misma manera para todos... Pero sé
que es una buena idea - sonrió, como si suspirara - porque antes de
ofrecerla a los señores pasajeros, la he probado yo mismo." Se calló un momento, con ese sabio silencio de los buenos vendedores. Y
cuando volvió a hablar, había cambiado totalmente de tono.

-"Señoras y señores pasajeros: todos nosotros compramos, cada día, minuciosas relatos de muerte impune, miserables recuentos de crueldad infinita, desbordantes crónicas de locura, devastación y sangre, reducidas a cifras de un balance en el que siempre somos perdedores. Todos nosotros desayunamos, cada mañana, la amarga realidad de que la muerte tiene mejores titulares que la vida. Ninguno, supongo, sin embargo, propondría que los diarios dejaran de publicar los asesinatos, sino que los asesinos dejaran de gozar de buena salud para celebrarlos. Entretanto, como el tema
es urgente, tendríamos que buscar otro espacio para vendernos a nosotros mismos los titulares que testimonian que no todo está perdido. Un espacio interior, pero expresivo."
Sacó un pañuelo, se secó la cara desordenadamente y se quedó mirándolo, como si no recordará para qué servia. Lo arrugó en la mano y, mientras parecía ruborizarse casi violentamente, abrió los brazos con una fuerza insospechada y gritó, pero como si suplicara:

- "Hagamos una lista, cada uno la suya, una lista humilde, pero minuciosa, de todos los gestos y toda la gente que nos hacen bien. Una lista personal, sin prioridades, sin famas, sin mayúsculas... Con el perdón de los señores pasajeros y sólo a manera de ejemplo, leeré la mía."

El papelito que sacó del bolsillo estaba doblado en cuatro y escrito de ambos lados. Recitó, con pudor pero en voz alta:
- Mi primo Tito, que es médico porque le gusta curar a la gente y que tiene úlcera porque traga todo el dolor para aliviar; los señores Álvarez Marián y Barbeito y la Señorita Marta, que venden máquinas de escribir, enfrente de mi casa, y tratan a todo el mundo como a un semejante; el dueño del garage que hace favores como si viviera de eso y el Morocho que lava los coches mientras da consejos que parecen abrazos; el cartero que entrega las cartas con dirección equivocada, porque se siente responsable de que la comunicación no se interrumpa; mi abuela con nombre de flor, que enterró a
sus hijas y siguió siendo capaz de querer a los hijos de otras..."
Se detuvo de pronto, miró de frente, con los ojos extrañamente húmedos.

Dobló el papelito despidiéndose:
- "Muchas gracias por su atención, señoras y señores pasajeros. Y espero que pasen ustedes un buen día."
Mientras guardaba la lista, algunos comenzaron a rebuscar billetes en sacos  carteras. Otros, sin embargo, eligieron un pago diferente. Empezaron unalista en un papel cualquiera, escribiendo con letra chiquita.

Aída Bortnik









14 de enero de 2015






Mes de Homenajes 
Hoy:  "El Polaco"  Goyeneche



Garúa 

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento.
¡Parece un pozo de sombras la noche
y yo en la sombra camino muy lento.!
Mientras tanto la garúa
se acentúa
con sus púas
en mi corazón...

En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo
y aunque quiera arrancarla,
desecharla
y olvidarla
la recuerdo más.

¡Garúa!
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera.
Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido,
hoy le ha abierto una gotera.
¡Perdido!
Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra...
Garúa... tristeza...
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy, como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote.
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helados
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome.


Letra: Enrique Cadícamo
Música: Aníbal Troilo
Intérprete:  Roberto Goyeneche







10 de enero de 2015




Mes de Homenajes
Hoy: Querida María Elena...
(01-02-1930 / 10-01-2011)



El viaje

Sólo quiero tu casa de ternura,
vivir en su calor.
Eres el mar y la orilla segura
porque el único viaje es el amor.

Reconocer tu alma, qué aventura
de mágico sabor.
Allí tendré profundidad y altura
porque el único viaje es el amor.

Besos desconocidos como puertos
esperan bajo un cielo de mirada.
-Lo demás es dolor.

Hoy vuelvo de países que están muertos,
después de un mar que no me dijo nada,
porque el único viaje es el amor.



María Elena Walsh









6 de enero de 2015





                      Mes de Homenajes
                   Hoy:  Osvaldo Soriano
  



Gol de Sanfilippo

Querido Eduardo: 
Te cuento que el otro día estuve en el supermercado «Carrefour», donde antes estaba la cancha de San Lorenzo.
Fui con José Sanfilippo, el héroe de mi infancia, que fue goleador de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas. Caminamos entre las góndolas, rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos.
De pronto, mientras nos acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice: «Pensar que acá se la clavé de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca».
Se cruza delante de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice: «Fue el gol más rápido de la historia».
Concentrado, como esperando un córner, me cuenta: «Le dije al cinco, que debutaba: no bien empiece el partido, me mandás un pelotazo al área. No te calentés que no te voy a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevilla se llamaba, se asustó, pensó: a ver sino cumplo».
Y ahí nomás Sanfilippo me señala la pila de frascos de mayonesa y grita: «¡Acá la puso! ».
La gente nos mira, azorada.
«La pelota me cayó atrás de los centrales, atropellé pero se me fue un poco hasta ahí, donde está el arroz, ¿ ve ?» -me señala el estante de abajo, y de golpe corre como un conejo a pesar del traje azul y los zapatos lustrados-: «La dejé picar y ¡ plum !».
Tira el zurdazo. Todos nos damos vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos años, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde están las pilas para radio y las hojitas de afeitar.
Sanfilippo levanta los brazos para festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir. Casi me pongo a llorar.
El Nene Sanfilippo había hecho de nuevo aquel gol de 1962, nada más que para que yo pudiera verlo. 



Carta de Osvaldo Soriano a Eduardo Galeano. Del libro 'El fútbol a sol y a sombra' de Galeano.












3 de enero de 2015



Mes de Homenajes. 
Hoy:  Simplemente Juan. 



Chiquilla,

¿Sabes una cosa?
He llegado a saber, después de muchas vueltas, que tienes los ojos azucarados. Ayer nada menos soñé que te besaba los ojos, arribita de las pestañas, y resultó que la boca me supo a azúcar; ni más ni menos, a esa azúcar que comemos robándonosla de la cocina, a escondidas de la mamá, cuando somos niños.
También he concluido por saber que los cachetitos, el derecho y el izquierdo, los dos, tienen sabor a durazno, quizá porque del corazón sube algo de ese sabor.
Bueno, la cosa es que, del modo que sea, ya no encuentro la hora de volverte a ver.
No me conformo, no; me desespero.
Ayer pensé en tí, además, pensé lo bueno que sería yo si encontrara el camino hacia el durazno de tu corazón; lo pronto que se acabaría la maldad a mi alma.
Por lo pronto, me puse a medir el tamaño de mi cariño y dio 685 kilómetros por la carretera. Es decir, de aquí a donde tú estás. Ahí se acabó. Y es que tú eres el principio y fin de todas las cosas.

Juan 
(Carta de amor de Juan Rulfo a Clara Aparicio)