24 de junio de 2015




Ernesto Sábado en nuestro recuerdo


Lo pequeño y lo grande

El destino, al igual que todo lo humano, no se manifiesta en abstracto sino que se encarna en alguna circunstancia, o en un nacimiento probrísimo en los confies de un imperio.

Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los buscaba porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.

El destino se muestra en signos e indicios que parecen insignificantes pero que luego reconocemos como decisivos. Así, en la vida uno muchas veces cree andar perdido, cuando en realidad siempre caminamos con rumbo fijo, en ocasiones determinado por nuestra voluntad más visible, pero en otras, quizá más decisivas para nuestra existencia, por una voluntad desconocida aun para nosotros mismos, pero no obstante poderosa e inmanejable, que nos va haciendo marchar hacia los lugares en que debemos encontrarnos con seres o cosas que, de una manera o de otra, son, o han sido, o van a ser primordiales para nuestro destino, favoreciendo o estorbando nuestros deseos aparentes, ayudando u obstaculizando nuestras ansiedades, y, a veces, lo que resulta todavía más asombroso, demostrando a la larga estar más despiertos que nuestra voluntad consciente.

En el momento, nuestras vidas nos parecen escenas sueltas, una al lado de la otra, como tenues, inciertas y livianísimas hojas arrastradas por el furioso y sin sentido viento del tiempo. Mi memoria está compuesta de fragmentos de existencia, estáticos y eternos: el tiempo no pasa entre ellos, y cosas que sucedieron en épocas muy remotas entre sí están unas junto a otras vinculadas o reunidas por extrañas antipatías y simpatías. O acaso salgan a la superficie de la conciencia unidas por vínculos absurdos pero poderosos, como una canción, una broma o un odio común. […]

Pero no creo en el destino como fatalidad, como en la tradición griega, o en nuestro tango: “contra el destino, nadie la talla”. Porque de ser así, ¿para qué les estaría escribiendo? Creo que la libertad nos fue destinada para cumplir una misión en la vida; y sin libertad nada vale la pena. Es más, creo que la libertad que está a nuestro alcance es mayor de la que nos atrevemos a vivir. Basta con leer la historia, esa gran maestra, para ver cuántos caminos ha podido abrir el hombre con sus brazos, cuánto el ser humano ha modificado el curso de los hechos. Con esfuerzo, con amor, con fanatismo.


Ernesto Sábato
(Fragmento de "La Resistencia")











13 de junio de 2015



Jorge Luis Borges, eterno en nuestro recuerdo. 


SABADOS

Afuera hay un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo,
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre, la multitud de tu hermosura.

A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Está en ti la ventura
como la primavera en la hoja nueva.
Ya casi no soy nadie,
soy tan sólo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
En ti está la delicia
como está la crueldad en las espadas.

Agravando la reja está la noche.
En la sala severa
se buscan como ciegos nuestras dos soledades.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor hay una pena
que se parece al alma.


que ayer sólo eras toda la hermosura
eres también todo el amor, ahora. 

Jorge Luis Borges
Fervor de Buenos Aires (1923) 













11 de junio de 2015





Recordamos al poeta Leopoldo Marechal



 EL AMOR ES UN ROBO

El amor es un robo —me dijiste una tarde—
robamos y nos roban, y así pasa de modo
que en los senderos quedan nuestras mejores galas
resecas como lirios que marchitó el otoño.

Han pasado los años y de nuevo tu imagen
cruzó por mis ideas con la luz de un meteoro,
y mirando en mi abismo y hallando mucha sombra
recuerdo tus palabras: El amor es un robo.


Leopoldo Marechal











7 de junio de 2015




Feliz cumpleaños Carlos Gorostiza!!!!!!! 

"TUCO Porque me gritan loco a cada rato. Se ponen ahí detrás de la puerta y meta gritar: "Estas loco, Tuco, estas loco. Salí que te vas a enfermar. Si no salís vamos a llamar a la policía. . . ". Je. Te  imaginas el miedo que me da. Si llega a venir la cana los que van adentro son todos ellos.

(Prueba su voz) Do... do... dododo... Eso es lo que pasa con los que están rayados: creen que los rayados son los otros. Do... do... dododo... Por eso me encerré aquí. No los iba a denunciar.

Como vos decís, por más que a uno le duela, es la familia. Pero te aseguro que a veces hay que hacer un esfuerzo... Por ejemplo ese lió con la comida. Yo no pensaba comer más. Para que. Ahora estoy muy ocupado ensayando, y... Con que me mandaran clara de huevo era suficiente. ¡Pero el primer día que pase sin comer hicieron un lío ahí detrás de la puerta! Ahí confirme mi sospecha de que... Y yo sin comer me sentía lo mas bien: lo mas livianito. Pero que le vas a hacer: con los locos hay que disparar por donde ellos disparan, así que... ahora como. Les abro la puerta un poquito... y me dejan la bandeja ahí, en el suelo. Corro el riesgo de que me pongan algo en la comida, eso si. ¿Pescas, no? Pero yo los jodo: primero pruebo un poquito, y si no me pasa nada sigo. Pero ya te dije: no los voy a denunciar; al fin de cuentas es la familia. Do... do... dododo. . .

SEBASTIAN  Este. . . y cuando... cuando querés ir al baño... ¿cómo haces? Digo yo: ¿vas al baño?

Sin perder la sonrisa, Tuco va a la mesa y toma un gran cuchillo. Se lo muestra y Sebastián retrocede suavemente

TUCO Ellos saben. Pego un grito. Hago así, vas a ver. (Va a la puerta y desde allí grita fuerte) ¡Cuidado, que voy al baño! (Giro hacia Sebastián muy divertido) Seguro que ya rajaron todos. Vía libre, vas a ver. (Abre la puerta suavemente esgrimiendo el cuchillo, muerto de risa. Abre, muestra a Sebastián) ¿Viste? (Cierra) y después, desde el baño, lo mismo: " ¡Cuidado, que ya salgo! ". Y ni un alma en el camino. Tan locos no son. Le tienen un jabón al cuchillito. Jejeje.
(Esgrime el cuchillo) ¿Sabes cuando empecé a darme cuenta de que estaban rayeti? Cuando empecé a ensayar y les tuve que contar lo de Mingo y la televisión. Claro; vieron que no iba a laburar, y entonces... ¿Sabes lo que me dijeron? Que el Mingo me estaba tomando el pelo. Y Gracielita me dijo otra cosa: que me estaba jodiendo, me dijo. Jodiendo. ¿Te parece que esa es manera de hablar para una chica? 

(Fragmento de "El acompañamiento")