30 de abril de 2016







En recuerdo del gran Ernesto Sábato 



AL BUENOS AIRES QUE SE FUE


Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires
hacen sentir más la soledad
busco un suburbio en el crepúspulo, y entonces,
a través de un brumoso territorio de medio siglo
enriquecido y desvastado por el amor y el desengaño,
miro hacia aquel niño que fui en otro tiempo.

Melancólicamente me recuerdo
sintiendo las primeras gotas de una lluvia
en la tierra reseca de mis calles sobre los techos de zinc.
"Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva",
hasta que los pájaros cantaban y corríamos descalzos,
a largar los barquitos de papel.

Tiempos de las cintas de Tom Mix y de las figuritas de colores,
de Tesorieri, Mutis y Bidoglio,
tiempo de las calesitas a caballo,
de los manises calientes en las tardes invernales,
de la locomotora chiquita y su silbato.

Mundo que apenas entrevemos cuando estamos muy solos,
en este caos del ruido y del cemento,
ya sin lugar para los patios con glisinas y claveles,
donde una chica casadera cantaba algo de un pañuelito blanco,
mientras planchaba la ropa del hermano.

Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires,
hacen sentir más la soledad,
salgo a caminar por esos barrios que tímidamente, con vergüenza,
conservan algún minúsculo tesoro de un pasado menos duro,
una maceta con malvones, alguna reja rezagada.

Pero ya Boedo no es el que cantó De Caro,
ni Chiclana la calle de Esthercita,
ni Puente Alsina en la vieja barriada
que vio nacer al poeta callejero.

En vano buscaremos las muchachas
en torno del gringo y su organito,
ansiosamente mirando la cotorra,
esperando de su pico la buena suerte o el amor.

Feliz de vos, Homero Manzi, que te fuiste a tiempo,
cuando aún era posible escribir esas canciones de trenzas y almacenes,
cuando todavía los espíritus no estaban resecados,
por la ferocidad y la violencia.

Ya no hay novias detrás de las persianas,
esperando al gringo y su monito.
Ya murió el último organito
y el alma del suburbio se quedó sin voz.

Ernesto Sábato  











29 de abril de 2016





 

Recordamos a Alejandra Pizarnik, en un nuevo aniversario de su nacimiento. 



Hija del viento

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

Alejandra Pizarnik







19 de abril de 2016




Un día como hoy nos dejaba Octavio Paz



Libertad bajo palabra

Viento
Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire
siempre de viaje...

Octavio Paz









11 de abril de 2016




Alfredo, por siempre tu recuerdo...


"No sé si soy más sabio ahora que a los 20. Porque si no esto sería muy fácil: uno vive tanto tiempo y entonces tiene tanto conocimiento y sabe más que uno más joven. A veces a los 20 años uno cree, o tiene la sensación, de que está ante la inminencia de una revelación, de que está por saber algo que no sabe muy bien qué es, el misterio de las cosas de los que habla la obra. A mí me da miedo la experiencia porque te hace creer que sabés algo, y uno pierde el asombro de levantarse a la mañana y ver, solamente eso, ver un árbol, los colores, o de oler, o de sentir sed, esos milagros que van pasando mientras uno está vivo, y después los toma como algo normal, no los goza, ni se da cuenta del privilegio que significa tener la posibilidad de ver tantas cosas. Uno ve la mitad de las cosas que puede, y a veces ni eso. Y hay quienes viendo una pequeñísima parte piensan que ya lo saben todo. "

Alfredo Alcón 








7 de abril de 2016



En recuerdo de Victoria Ocampo y Gabriela Mistral


CUMPLEAÑOS


Victoria Ocampo y Gabriela Mistral compartían la misma fecha de nacimiento: el 7 de abril. Es con motivo de esta celebración que Gabriela Mistral le escribe a Victoria un poema.

Durante la estadía de Gabriela Mistral en Villa Ocampo, ambas escritoras se enviaban mensajes de una habitación a otra. Es lo que la escritora argentina llamará "cartas habladas", pues "una carta que va de un piso a otro de una casa tiene forzosamente que ser diferente de una composición literaria del género epistolar, como un pájaro vivo de uno embalsamado" ("Gabriela Mistral en sus cartas", 64-65). De esos mensajes se han conservado tres de Gabriela Mistral, mientras los de Victoria Ocampo están perdidos. Gabriela Mistral estaba acompañada de Consuelo Connie Saleva, secretaria y amiga portorriqueña que la acompañara en Argentina. Coincidió con la presencia de María Rosa Oliver, entre otras. Varias personas alojaban en la casa simultáneamente -la casa tenía once habitaciones-, aunque su dueña estuviera enferma.

Era el tiempo de las pruebas de imprenta de la primera edición de Tala que publicará Sur, en 1938. "Recado a Victoria Ocampo, en la Argentina" es un poema de despedida, en agradecimiento y correspondencia por su hospitalidad y como saludo del cumpleaños.

La escritora argentina recuerda de la siguiente manera aquella fecha: 1938

"Pasó en Mar del Plata el 7 de abril de 1937. Era el día de su cumpleaños. Lo compartíamos, pero sólo descubrimos la coincidencia entonces. bajé temprano a desearle la felicidad que acostumbramos a desear en fechas fijas, como pidiendo prórroga. Estaba sentada en la cama, lápiz en mano, corrigiendo algo. "¿Qué has escrito?", le pregunté. "Un recado para ti, para el día de tu santo, como le llamas."

"¿Puedo leer?"

Victoria, la costa a que me trajiste,
tiene dulces los pastos y salobre el viento,
el mar Atlántico como crin de potros
y los ganados como el mar Atlántico.
Y tu casa, Victoria, tiene alhucemas,
y verídicos tiene hierro y maderas, conversación, lealtad y muros.

Albañil, plomero, vidriero,
midieron sin compases, midieron mirándote,
midieron, midieron...
Y la casa, que es tu vaina,
medio es tu madre, medio tu hija...
Industria te hicieron de paz y sueño;
puertas dieron para tu antojo;
umbral tendieron a tus pies...

Yo no sé si es mejor fruta que pan
y es el vino mejor que la leche en tu mesa.
Tú decidiste ser "la terrestre",
y te sirve la Tierra de la mano a la mano,
con espiga y horno, cepa y lagar.

La casa y el jardín cruzan los niños;
ellos parten tus ojos yendo y viniendo;
sus siete nombres llenan tu boca,
los siete donaires sueltan tu risa
y te enredas con ellos en hierbas locas
o te caes con ellos pasando médanos.

Gracias por el sueño que me dio tu casa,
que fue de vellón de lana merino;
por cada copo de tu árbol de ceibo,
por la mañana en que oí las torcazas;
por tu ocurrencia de "fuente de pájaros",*
por tanto verde en mis ojos heridos,
y bocanada de sal en mi aliento:
por tu paciencia para poetas
de los cuarenta puntos cardinales...

Te quiero porque eres vasca
y eres terca y apuntas lejos,
a lo que viene y aún no llega;
por tus esperanzas
y porque te pareces a bultos naturales:
a maíz que rebosa la América
rebosa mano, rebosa boca-,
y a la Pampa que es de su viento
y el alma que es del Dios tremendo...

Te digo adiós y aquí te dejo,
como te hallé, sentada en dunas.
Te encargo tierras de la América,
¡a ti tan ceiba y tan flamenco,
y tan andina y tan fluvial
y tan cascada cegadora
y tan relámpago de la Pampa!

Guarda libre a tu Argentina
el viento, el cielo y los trojes;
libre la Cartilla, libre el rezo,
libre el canto, libre el llanto.
el pericón y la milonga,
libre el lazo y el galope
¡y el dolor y la dicha libres!

Por la Ley vieja de la Tierra;
por lo que es, por lo que ha sido,
por tu sangre y por la mía,
¡por Martín Fierro y el Gran Cuyano
y por Nuestro Señor Jesucristo!


Gabriela Mistral